martes, 28 de diciembre de 2010

Horror

Un mes sin escribir. Definitivamente, horror.
Siempre quise tener este blog actualizado, para contar, no mis cosas, sino lo que voy viendo, lo que me llama la atención por la vida... Porque las situaciones cotidianas están llenas de ironías, de pequeñas locuras que merece la pena rescatar y compartir.
Cada vez que voy a la matrona me toca vivir circunstancias así.
Yo creo que es una buena mujer. De esas personas que no saben ser "delicadas". Pero que al mismo tiempo, sufren por ser conscientes de ello. O no, yo qué sé.
La situación surrealista se dio cuando, en su consulta, el otro día, escuché los latidos del corazón del pequeñaj@. (Hasta febrero, no sabré si es niño o niña).
Yo, que es verdad que soy de lágrima facilona, me emocioné un poco. Aún no se me nota mucho, el pobre no da guerra ninguna, y a veces me da por pensar "¿Seguirá ahí?".
Bueno, pues mi matrona, de estética, como digo yo "Kale borroka", me dijo que no tenía que involucrarme tanto. Que si los niños no se sienten hasta las 20 semanas es para que la madre no se involucre emocionalmente con el niño. Que la naturaleza es muy sabia y como se puede tener un aborto espontáneamente, así la madre no sufre tanto porque no siente al bebé.
Me quedé sin habla. Podía haberle dicho que yo a María la noté con 15 semanas. ¡Y que me diga alguien lo contrario! Y con 14, que es mi estado actual, cuando cogí el otro día a mi chiquitina en brazos y me presionó el vientre, me pareció sentir que un bichillo se revolvía como una lagartija dentro de mí.
En todo caso, y aunque no fuera así. ¿Cómo no va a involucrarse una madre con su hijo, aunque no sienta sus movimientos? Si en el momento en que una es consciente de su embarazo, toda una revolución sacude su cuerpo y su mente... y ya ningún minuto de su vida vuelve a ser como antes...
La sonreí, y como no tengo interés ninguno en discutir con ella (porque además de poco delicada, es de las que "siempre sabe más"), me fui por la puerta como había entrado. Con la cabeza bien alta, con la moral por las nubes, y con mi niño y su corazoncito latiendo como una locomotora.

lunes, 29 de noviembre de 2010

En las calles de Nueva York

Siento estar "abducida" por los norteamericanos, pero es que pienso que hay cosas que nadie hace como ellos. Esto es tan sólo un ejemplo

sábado, 27 de noviembre de 2010

Un "antiguo" muy al día



Hoy leí una frase que me gustó. Es de San Agustín, que la verdad, para ser tan "antiguo" no deja de sorprenderme cada día. Es como si nunca se pasara de moda.
Dice:
"Para las cosas importantes: unidad.
Para las cosas dudosas: libertad.
Para todas las cosas: caridad".
Pensé que lo podía aplicar en muchos ámbitos de la vida. Desde las relaciones de pareja, hasta en el propio trabajo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Lo que no es tan romántico



Ayer decía que algunos colectivos feministas hablaban de que la culpa de los maltratos la tiene esa imagen de amor romántico que ha llegado hasta nuestros días, donde la mujer era "débil y necesitada de protección", y el hombre... En fin el hombre, según esa mentalidad, un machito de poca monta (pobre Romeo).
Yo, como mujer, estoy convencida de que aún nos queda mucho terreno por recorrer en el plano de la igualdad.
Esta frase sería aplaudida por la mismísima Bibiana Aído. Lo que pasa es que esa señora y yo tenemos muy poco que ver. Y desde luego, su idea de mujer y la mía coinciden más bien poco.
Hace años, decidí hacer mi tesina (ahora se llama Suficiencia Investigadora), sobre las mujeres periodistas en la época de Alfonso XIII. Es decir, desde finales del siglo XIX hasta la década de los 30.
La prensa femenina en aquella época era absolutamente florecedora, de verdad, era un auténtico vergel de revistas que en nada tienen que envidiar con la variedad de las de ahora, y eso que estoy hablando sólo del ámbito de Madrid, y algunas nacionales.
Pensé que me encontraría con frecuencia ideas feministas rompedoras. Mujeres estilo Simone de Beauvoir, (aunque sea posterior) con deseos de emanciparse y de romper con todos los esquemas morales y sociales en los que la mujer estaba encorsetada.
Pero la verdad, me encontré con mujeres muy normales, madres de familia, personas con unas inquietudes que sacaban tiempo de donde fuera para poder realizar su sueño de ser periodistas, de comunicar y de disfrutar de todas las cosas que ofrecía la vida que les rodeaba. Hacían revistas entrañables, intentaban participar en política (con Primo de Rivera lo lograron) y no había estridencias ningunas. Tan sólo señoras trabajadoras e inquietas, con un gran respeto por sí mismas y una conciencia muy clara de lucha porque realmente creían en su gran aportación y capacidad. Lucharon tanto, que las tengo presentes cuando voy a votar, cuando mi marido y yo compartimos al 50% las tareas, cuando trabajo, cuando me enfrento a una reunión con 10 hombres.
Ahora, cuando enciendo la televisión y me asomo al mundo exterior... ¿Qué veo?
En los programas del verano, que nos muestran las playas de España, me encuentro con pandillas de adolescentes de chicas y chicos. Ellos, tan monos, con sus bañadores. Ellas, en medio, tan sólo con un tanguita. ¿Es eso igualdad? Ellos vestiditos. Nosotras, enseñando. ¿Es eso igualdad?
Salgo a la calle un sábado por la tarde y me encuentro turbas de niñas vestidas literalmente (y siento parecerme a mi abuela pero es que no hay vuelta de hoja) como prostitutas. Pintadas con un gusto horrible, unas minifaldas y unos escotes que resultan hasta groseros. Ellos, tan monos. Tan a gustito y tan abrigaditos, no vayan a pasar frío.
¿Es eso igualdad?
Ley del aborto. Las que nos quedamos embarazadas "somos nosotras". Somos nosotras las que pasamos los dolores, las náuseas, el cansancio... Y somos nosotras las que amamos más que a nuestra vida al pequeño bebé que llevamos dentro. Negar eso es negar la naturaleza. Y negar que no pasa nada cuando te quitas de en medio a tu hijo, es... pura maldad. La ley del aborto es lo más machista que nos ha pasado desde el "destape" de los años 70. ¿Es eso igualdad?
Es un engaño disfrazado de libertad. No veo igualdad por ningún lado. Sólo veo que la mujer sale perdiendo constantemente. Que nos quieren arrebatar el amor propio y la autoestima, rebajándonos constantemente a objetos de placer. Ser la perfecta madre, la perfecta trabajadora, la perfecta amante, con el tipo perfecto, vestida para "matar". ¡Venga ya! Sólo somos una persona...
Y ahora nos quieren quitar "el amor romántico". ¿Algo más, para destrozar nuestro corazón, que está hecho para amar?
Que no nos engañen más. Que dejen de jugar con la mujer, que es la mayor maravilla de la naturaleza.

¿Ahora también quieren acabar con el romanticismo?



Hoy he leído en el periódico que, con motivo del día contra el matrato a la mujer, una serie de colectivos feministas han dicho que la culpa de todo la tiene el modelo de "amor romántico" que se mantiene todavía en el subconsciente de los jóvenes, y que se ha quedado trasnochado.
Ese amor romántico es aquel de Romeo y Julieta, el que estamos acostumbrados a ver en las películas, en las que ambos son capaces de superar pruebas, y de llegar hasta la muerte por el ser querido, idealizado. También, según ellos, es el modelo en el que el varón es dominante, y la mujer busca un hombre fuerte que la proteja. Dicen que esa búsqueda de protección de alguien "más fuerte" es la que propicia que la mujer acabe situándose por debajo del hombre y se deje avasallar, controlar y al final, anular. Dicen que hoy el amor debe ser un compartir y satisfacer necesidades afectivas y sexuales mutuamente.
Yo no soy ninguna experta y desde luego, recién empezada, como quien dice, mi vida matrimonial, no estoy para dar lecciones, ni sacar grandes conclusiones.
Pero a mí me parece todo esto muy frío y, qué quieren que les diga, aunque mi marido nunca resultó un príncipe azul (tampoco yo ninguna pricesa), me quedo con la ilusión de que, como en "El diario de Noah", podamos terminar nuestras vidas, con un libro maravilloso de amor y superación, de apoyo y mutuo conocimiento.
Solemos decirnos entre nosotros que somos "compañeros" en la vida. Y con esas miras, que no son fáciles, pero que llegan hasta el infinito, afrontamos las muchas dificultades cotidianas y las pruebas que se nos van presentando.
¿Por qué no, amor romántico? ¿Por qué no soñar? A mí que me dejen soñar, que me dejen llegar hasta la eternidad. ¿Quieren que me conforme con cosas temporales? No llenan mi corazón. Tampoco llena el suyo, estoy segura.
Y de algunas cosas pretendidamente "igualitarias", hablaré mañana, para no extenderme. (Que si no, Pollo con almendras no me lee, jeje).

martes, 23 de noviembre de 2010

Queda prohibido


Hoy he visto, curioseando por Internet, una poesía que me ha gustado. Dicen que es de Pablo Neruda. No sé, la verdad es que no me pega, pero...
Ahí va.


Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber qué hacer,
tener miedo a tus recuerdos.
Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.
Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen menos que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.
Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita.
Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores.
No sentir que, sin ti, este mundo no sería igual.

martes, 16 de noviembre de 2010

Encuentros en la tercera fase

Hoy he tenido otro "encuentro en la tercera fase" con mi matrona en la Seguridad Social. Esta vez, me ha tocado una chica bastante joven de estética Kale Borroka, como digo yo. No es una crítica, a mí qué me importa... Pero es que tenía ese "look".
Ha sido un aluvión de informaciones que me han dejado abrumada. Que si análisis, que si dentista (¡qué dispendio!), y mil y una pruebas para ir averiguando si el bebé tiene anomalías. Tanto me repiten lo de las anomalías que si no tuviera las cosas muy claritas saldría de allí temblando.
Ya les avisé que nada de "amniocentesis", ni pruebas invasivas que pusieran en peligro al bebé, y me lo apuntaron en mi hoja de datos, como quien apunta que soy alérgica a la penincilina. Les dije que no me importaba que en los análisis me avisaran si el bebé podía tener malformaciones o cualquier problema, porque así me podía ir haciendo a la idea.
La reacción de la matrona y la enfermera que estaban en la sala fue muy curiosa. Respetuosa, pero nada natural. No dejaron de repetirme que la última palabra la tendría yo, que podía elegir. E incluso se permitieron el lujo de decirme que "también podría optar por no hacerme pruebas, como si estuviéramos en el siglo pasado". Hice oídos sordos, y les sonreí. Desde luego, éste puede ser el comienzo de una buena amistad.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Creciendo, gracias a Dios



Llegué a mi Centro de Salud expectante.
Me atendió mi doctora de Medicina General.
“¿Qué te pasa?”.
“Pues que estoy embarazada”.
“Ah, entonces no estás enferma, muy bien”.
La doctora comenzó a rellenar un impreso con mis datos. Al parecer, para la matrona. “¿Es deseado?”, me preguntó.
“Por supuesto. ¿No es un hijo siempre deseado?”, le contesté yo.
“No, fía”, me dijo, hablándome coloquialmente, como se hace aquí en Asturias. Y se sonrió (probablemente situándome en una galaxia paralela).
Me dio unos papeles y me envió a la matrona. Mientras esperaba mi turno, me puse a leer. Allí, al lado de mi nombre, estaba mi “diagnóstico”: “Embarazo deseado”.
Pensé en cuántas ocasiones el impreso pondría “Embarazo no deseado”.
Si un embarazo, en realidad es un pequeño bebé desarrollándose en el vientre de su madre, lo que también podríamos escribir es “bebé precioso, rubito, delicado y cariñoso, no deseado”. O lo que es lo mismo, pero más breve y aséptico “hijo no deseado”. “Persona non grata” en este cuerpo de madre.
Me pregunto cómo asimilar que tus padres no te quieren, que vienes mal en ese momento porque no hay tiempo para ti, porque tu madre no puede hacerse cargo de una responsabilidad como tú… Me pregunto cuánto dolor se puede llegar a sufrir cuando uno no es querido en el ámbito más íntimo y más afortunado que se puede tener: tu propia familia. Me imagino unos daños emocionales que pasarían factura toda una vida. He visto personas, con situaciones menos traumáticas, ser incapaces de llevar una vida normal, sólo por sus carencias afectivas.
Al cabo de unos minutos, pude pasar con la matrona. Al ser “embarazo deseado”, no hubo grandes preguntas.
“¿Es el primero?”
“No, el segundo”.
“Ah, bueno, entonces ya sabes de qué va esto”…
(Sólo relativamente, pensé yo. Me siento tan primeriza como hace dos años).
“¿Debería de tomar ácido fólico, verdad?”, le pregunté.
“Eso tenías que haberlo hecho cuando planificaste tu embarazo, vida, hace seis o cuatro meses”.
“Yo no planifico mis embarazos”, le contesté con voz de ultratumba. Estaba siendo una dosis de realidad brutal. Sólo me faltó decirle “Mis hijos son un regalo de Dios, señora matrona”. Quizá fui una cobarde. Quizá no quise obligarla a tener que tomarse un calmante con semejante afirmación.
Cuánta gente planifica tener hijos y no lo consigue. Infundir vida no está en nuestras manos, aunque lo parezca. Siempre respeto todas las posturas, especialmente en lo que a hijos se refiere. Pero al mismo tiempo siempre me ha llamado la atención quien planifica tener un hijo, justo después de la televisión de plasma, la casa decorada en estilo minimalista y haber dado la vuelta al mundo. “Y ahora ¿qué nos queda? Ah, tener un hijo”.
Bien por ellos. Yo, prefiero el caos encantador de tener una familia con dificultades, sin muchos muebles, eso sí, con muchos nervios "económicos", pero abandonada en las manos de Dios. Muchos pensarán que “así nos va”. Y quizá tengan razón. Quizá, desde luego no era el mejor momento... Pero yo creo que, a la larga, habrá premio. En todo caso, nosotros estamos encantados con este nuevo regalo que se nos ha dado.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Cosas que pasan


Del viaje del Papa se han dicho ya tantas cosas...
Yo también quisiera decir otras muchas, pero temo repetirme y cansar. Yo lo estoy, de tanto leer periódicos.
Tan sólo veo dos cosas:
Los periodistas se han portado "extrañamente" bien. Salvando excepciones, por supuesto. Pero parece que los que han estado cerca del Papa (en el avión, etc), se han quedado tocadillos. Vaya por Dios, es lo que tiene.
Ha sido un viaje intenso, completo, y el Pontífice parece no haberse dejado nada en el tintero. Ha habido espacio para el arte, la belleza, la situación actual de España, las relaciones entre la sociedad y la confesionalidad, las raíces cristianas de nuestro país, la familia, la defensa de la vida en cualquiera de sus fases, y la caridad, poniendo énfasis en la contemplación y el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano, venga de donde venga, y sea como sea. El gran descubrimiento que nos reveló Jesucristo y que los cristianos nunca podemos olvidar. Que todos somos iguales a los ojos de Dios. (Para que luego vengan hablándonos de igualdad, fraternidad y no sé qué).
Pero de todo, yo me quedo con una coincidencia de esas "curiosas".
Dijo Gaudí que La Sagrada Familia la "terminaría" San José.
Y vino "Joseph", a consagrarla como templo y erigirla en Basílica.
Ahí queda eso.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Libertad (mi palabra favorita)



Ayer hablaba con una persona sobre "la fe".
Me decía que le preocupaba casi en exceso la muerte, una idea que tiene metida en la cabeza desde pequeño, y aunque me consta que esta persona se esfuerza por rezar, por estar cerca de Dios, él mismo afirma que siente envidia de quienes tienen la certeza de que Dios existe.
Esta mañana volvió aquella conversación a mi cabeza. En el momento le dije que lo que tenía que hacer era "pedirle al Señor que le diera el don de la fe".
Sé que es un don. Porque yo antes no lo tenía, y después me fue concedido.
Aún recuerdo, tenía yo apenas 21 años, cuando, entre medio llorando y entre hipidos, le decía a un sacerdote que "yo no tenía fe". Le decía que mi cabeza no estaba bien, que era incapaz de creer en Dios, que todo me parecía un cuento chino... Pero que yo quería creer. Me daba tanta envidia de aquellos que lo miraban todo con esos ojos transformados...
Aquel sacerdote me hizo comprender eso "del don". Que es cierto que suena a "unos cuantos elegidos", y hasta toca un poquito las narices cuando te sientes excluido de ese "selecto grupo". Más tarde pude comprobar que de "selecto" nada. Que un Padre no te va a dejar sin ese regalo tan grande, que por otro lado Él es el más interesado en que lo puedas disfrutar.
¿Qué es tener fe? Esta mañana, delante del Santísimo, me lo pregunté. ¡Y lo vi tan claro! Recuerdo perfectamente (cómo olvidarlo) aquel momento que cambió mi vida:
Él no viene y te dice "es cierto, existo". Qué va. No.
Tú le hablas, y no ves nada.
Le pides "Señor, ayúdame", y todo sigue como estaba.
Le miras, le observas, te distraes y lo vuelves a observar.
Y de repente, como si hubiera venido por detrás, como si quisiera sorprenderte (que lo hace), algo dentro de ti te dice con toda claridad "Eres preciosa a mis ojos".
Y el susto es tan morrocotudo que te incorporas y miras a tu alrededor.
¿Qué ha sido eso? ¿Lo he oído de verdad? ¡Claro que lo he oído de verdad!
De repente, toda tu vida da un giro de 180º. Nada vuelve a ser lo mismo.
Comprendes de una forma espontánea tantas cosas que hasta ahora habías visto borrosas... como si realmente se te quitara una venda de los ojos.
No puedes explicarlo fácilmente con palabras. Pero lo sabes, porque lo has sentido.
¿Cómo negarlo ahora? ¡Yo lo viví!
Es cierto. No me convertí en una santa a partir de ese momento. Seguí siendo la misma desastre en tantas cosas. Seguí teniendo los mismos caprichos y los mismos "enfurruñamientos" por tonterías, según el día.
Pero mi vida había dado un vuelco porque me sentía profundamente amada. Y ya nada volvió a ser lo mismo.
Una especie de "efecto secundario" a tal experiencia fue una sensación de libertad, que ni una sesión de Puenting, o una caída libre con paracaídas, ni absolutamente ninguna experiencia bestial podría haberse equiparado.
¡Era libre! El mundo era maravilloso, amplio, válido, positivo. Si Dios me quería tan apasionadamente, sin condiciones, a mí, que realmente soy una mierdecilla... Todo merecía la pena.
Por eso no puedo dejar de pensar en que la persona con la que hablé ayer, también podría vivir esto que yo tuve, y que tantas personas pueden disfrutar, porque quieren.
¡Pídelo, amigo mío! No te arrepentirás. ¡Pídelo con ardor, con pasión y absolutamente humilde y necesitado! Tu vida cambiará de tal forma, que notarás que no hay nada comparable en este mundo.
Lo demás, la verdad... El gobierno, el paro, los problemas cotidianos, los apellidos del padre o la madre, Rubalcaba y la falta de sueño de María, el trabajo, los "mail incendiarios", los compañeros insolidarios, los contratos temporales...
Todo eso, al final, pasa. Ésto otro, no.

jueves, 28 de octubre de 2010

Mis compañeros imaginarios



Uno sabe muy bien cuáles son sus puntos débiles. Con los años, aprendes incluso a tomarte con sentido del humor las flojeras y aquellas cosas que sabes que te afectan pero que en realidad no tienen importancia. Ahora mismo me estoy acordando del personaje del profesor esquizofrénico en "Una mente maravillosa". Supo convivir con sus compañeros imaginarios que, durante muchos años, le hicieron la vida imposible.
Yo tengo como compañeros imaginarios a la melancolía y la soledad. Son mentira, pero me acompañan haciéndome creer historias aparentemente reales.
Tengo una cuenta en facebook. A través de ella me entero de cómo les va la vida a muchos amigos, de sus novedades y sus hazañas. Evidentemente la gente lo utiliza como un escaparate para que todo el mundo vea lo ideal de sus vidas. Los hay que tienen sus cuentas atestadas de imágenes de fiestas, amigos, viajes...
En realidad no tengo mucho tiempo para asomarme a facebook, y desde luego nunca la actualizo ni pongo nada en mi status, o como se diga. Lo hago por pudor, (cada vez más), por salvaguardar mi intimidad, y porque pienso que no tengo nada interesante que contar.
Pero las pocas veces que me ha dado por ponerme a curiosear en la vida de algunos amigos, especialmente de aquellos que hace "años" que no veo, o no sé de ellos (y no sé, la verdad, por qué figuramos como "amigos" si en realidad ya ni nos reconoceríamos), acabo con una sensación amarga.
Parece como si terminara comparando sus vidas y las mías, y como últimamente, como dice mi marido, "no salimos ni al tranco de la puerta", uno acaba pensando que es poco menos que un fracasado.
¿Para qué me meto a ver nada? Pues lo hago. Poco, gracias a Dios. Pero lo hago. Mecachis que no aprendo.

sábado, 23 de octubre de 2010

Al menos la crisis sirve para algo

Fuente: La Razón
19 Octubre 10 - José García Antunes

¿Alguna vez se ha imaginado poniendo una reclamación porque la bolsa de patatas que acaba de comprar parece que viene medio vacía?, ¿o tal vez piensa que nunca se habría quejado de que su nuevo perro ha alcanzado un tamaño que en la tienda de mascotas no supieron advertirle?

Pues bien, parece que los españoles estamos dispuestos a quejarnos de esto y de mucho más, ya que según informan algunas asociaciones de consumidores, la crisis económica que estamos viviendo ha despertado “el instinto de supervivencia” de usuarios y consumidores. Sólo el año pasado la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recibió más de 317.000 consultas y reclamaciones.


Hasta hace muy poco, los españoles parecíamos sentir cierta aprensión o reparo a la hora de poner una queja cuando adquiríamos algún bien o contratábamos un servicio. El principal motivo era el engorroso procedimiento que hay que seguir en la mayoría de los casos para llevar a buen puerto nuestras peticiones.

Una molesta situación que en casos extremos hacía que más de un usuario perdiera los nervios y abandonara el proceso a la mitad en detrimento de sus derechos como consumidor. Sin embargo, a pesar de que en este aspecto la situación no ha cambiado, los españoles cada día nos animamos más a reclamar.

Si antes nos daba apuro reivindicar por cosas tan cotidianas como un cambio mal dado, ahora no dudamos en pedir que nos devuelvan esos céntimos que nos faltan. Es más, ahora prima poner por escrito lo que antes solamente se protestaba de boca.

El caso es quejarse

Entre las quejas más inverosímiles que pudieron recoger las asociaciones de consumidores en la pasada temporada no faltó el viajero que reclamó ante su agencia de viajes porque el color de la arena de la playa a la que fue no correspondía con el de las fotos del catálogo o el usuario que pretendía que una empresa de preservativos asumiera los gastos de manutención de su futuro hijo porque su pareja se había quedado embarazada supuestamente tras romperse el profiláctico.

Como ya viene siendo habitual, el sector que más quejas reúne es el de la telefonía (tanto fija como móvil), con un total del 12% de todas las reclamaciones presentadas en nuestro país. Le siguen muy de cerca las entidades financieras y la propia Administración Pública.

Tampoco se libran las compañías aéreas que en épocas estivales copan los primeros puestos por retrasos o cancelación de vuelos, así como por pérdida de equipaje. Por otro lado, según datos facilitados por la OCU, el sector en el que más aumentó el número de quejas en 2009 fue el del suministro eléctrico.

viernes, 22 de octubre de 2010

De nuevo, ebulliciones de la sangre


Si no fuera porque es parte de mi profesión, debería prohibirme a mí misma leer el periódico, especialmente algunas noticias.
Hoy leo, en La Razón, que "La Vicepresidenta de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo, Francisca García, manifestó, en referencia a las críticas supeditadas por el encuentro (del IX Congreso de la Federación de Profesionales del Aborto y la Contracepción, apunto yo), que "pedimos un respeto para quienes tenemos una idea diferente", argumentando que "la ley no obliga a abortar a nadie".
Y pienso yo: Y tampoco la justicia obliga a asesinar, y sin embargo los asesinatos se cometen. No se trata de obligaciones, se trata de un crimen, auténtico y terrorífico.
Eso sí, como ni las propias personas responsables saben cómo justificarse, una señora que se llama Empar Pineda, que pertenece a esta misma asociación (cuya foto aparece en el periódico y de cuyo aspecto me abstendré de hacer juicios, mordiéndome la lengua a riesgo de envenenarme), afirma, por un lado que "estamos ante un tema controvertido, debido a que nos enfrentamos al inicio de una vida humana", mientras que al poco afirma que "las asociaciones provida sólo se preocupan de la vida antes de producirse, y después de ella, no durante".
A ver si nos aclaramos...
Hace poco tuve que escuchar que estaba algo obsesionada con el tema del aborto. Sinceramente, no pretendo hacer una escala donde juzgue unas desgracias más graves que otras. No me corresponde a mí ponderar el dolor. Pero si tengo que elegir, pondría a los bebés en el útero materno, como los seres más desprotegidos y más débiles del planeta. Ni siquiera sus llantos se oyen. Nadie se entera de su dolor.
He podido tener en brazos a niños desnutridos, llenos de llagas, con sida, con sarna, con tiña.
Y aún así, pienso que han podido nacer y probar la piel y el abrazo protector de sus madres.

jueves, 21 de octubre de 2010

Nuevo aspecto

He encontrado este fondo nuevo... me parece muy apropiado ahora que estoy en Asturias!

miércoles, 20 de octubre de 2010

Sobresaltos y rutinas


Una de las cosas que más me gustan por las mañanas es disfrutar de una agradable rutina a la que ya me he acostumbrado. Ni siquiera me molesta demasiado que el despertador suene a las 6, ni tener que correr (qué cuerpo jotero tengo a esas horas) a las 6:50, para no perder el autobús.
Los encuentros son similares, y las sensaciones, las mismas. Con ello pienso que poco a poco me hago un hueco en este lugar. Sé que hubo un tiempo donde lo único que quería para mí eran experiencias fuertes que me probaran a mí misma: África, convivir con el dolor, con la pobreza... Ahora todo eso reside en lo más íntimo de mis recuerdos, sé que están ahí y que nunca se irán; es más, sé que volverán esos tiempos, pues forman parte de mi manera de entender la vida. Pero mi subconsciente (ese que me pedía a gritos ser reportera de guerra, y vivir colgada de una mochila el resto de mi vida), me pide ahora ser aquello que necesita mi familia. Me pide tiempo, me pide calma, me pide hablar dulce y bajito, me pide regalar abrazos a pesar del cansancio.
Por eso sé que la rutina a la que me estoy acostumbrando me ayudan a todo esto. El conductor del autobús, el señor ciego que se sienta siempre en el mismo lugar, la chica a la que siempre admiro por ir tan guapa y maquillada a esas horas de la mañana (yo me tengo que llevar mi neceser en el bolso para "restaurarme" al llegar al trabajo). El mismo señor con el cigarro en el mismo paso de peatones, la misma chica que se toma un café con un cigarro, en la misma cafetería donde me espabilo con una buena taza de café cargado, con el mismo camarero. Lo mismo cada día. Y lejos de horrorizarme, como hubiera sucedido hace tan sólo unos años, me da seguridad.
Me acerco al trabajo haciendo ruido con mis tacones en las calles vacías y oscuras, pensando en si María se habrá levantado ya, acordándome de su olor, de sus papitos blandos, besables y estrujables. Pienso en qué vida ésta donde lo más increíble y emocionante siempre parece ir ligado al sufrimiento y al dolor. Nada verdaderamente bueno llega sin esfuerzo. La educación, el parto, los nervios del día a día... Te devuelven momentos frágiles, brevísimos, donde piensas que eres la persona más feliz del mundo.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Un nuevo amigo

Lo que más echo de menos de Madrid son mis amigos. La verdad es que dejé muchos, tantos, que aún me duele recordar tantas vivencias, tantas salidas, tantas alegrías.
Es cierto que también hubo disgustos y soledades. Pero ¿quién quiere acordarse de lo malo? Todos me dicen que soy una idealista, pero es así como recuerdo e imagino las realidades. De caerse de las nubes, siempre hay tiempo. Nunca sabré agradecer tantos regalos como tuve en mis 10 años madrileños.
En Asturias, la cosa va más lenta.
Mis amigas de la infancia, que aún siguen siendo mis amigas (desde los 4 años, que ya llovió), seguimos estando unidas, queriéndonos mucho... pero la vida va deparando a cada una un destino diferente.
La única que tengo una hija soy yo (al menos de momento), y eso hace que mi ritmo "social" haya disminuído considerablemente. Eso, y mi armario. Ahora estoy casada, tengo una hipoteca, y ya no poseo toda la colección de Massimo Dutti y Zara. Mecachis. Además, no sigo las series de televisión, y eso sí, me sé las canciones de Cadena 100. Aún soy periodista, no he abandonado la vida moderna tan pronto. Al menos estoy informada.
Pero de quien yo quería hablar, a falta de encuentros en en Metro (el origen de este blog) es del nuevo amigo que tengo en el trabajo.
No es un amigo al uso. Probablemente nunca quede con él para tomar un café, y de hecho, no creo que nunca nos contemos grandes confidencias. Más que nada porque no oye un pimiento, por mucho que mi compañera (que le conoce desde hace 40 años), le diga que tiene que ponerse "el pinganillo".
Y es que mi nuevo amigo (vale, "proyecto" de amigo), tiene nada menos que 86 tacos.
Y se viene todas las mañanas caminando, haga sol o caigan chuzos de punta, hasta mi trabajo. Es, digamos, algo así como un "jubilado" de la empresa. Allí entrega a todos los trabajadores un ejemplar del diario gratuito "Qué!", y echa una parrafadina con nosotros. Ya sé muchas cosas de él, pues le tiro de la lengua y el hombre, encantado de que le den conversación, cuenta despreocupado cosas de antes.
Es simpático, cariñoso, bromista... adorable. Y al mismo tiempo tiene un punto infantil que me enternece. Busca su "rutina", como la busca mi hija. Su gente que le quiera, sus pequeñas sonrisas cotidianas.
Me resulta curioso que, casi nada más llegar, haya tenido la suerte ya de conocer a una persona tan inolvidable como él.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Juguetes de nuestros días


Ayer me levanté con la noticia de que en España, el documental Blood Money, se ha recomendado en los cines tan sólo para mayores de 18 años. Y eso que no contiene imágenes explícitas de abortos ni bebés destrozados o quemados. (En todo caso yo sí que soy partidaria, aunque resulte tremendamente desagradable e impactante, que aquellos que están a favor del aborto vean esas imágenes. Después, que juzguen por ellos mismos). Osea, que las niñas pueden abortar, pero no pueden informarse sobre el hecho en cuestión. El asunto es tan escabroso, y la falta de libertad es tan alarmante, que me quita la paz. ¿Cómo podemos seguir viviendo, caminando, riendo... mientras asistimos a un genocidio tan brutal?
Esta mañana echo un vistazo a los periódicos. Una madre pega con cinta aislante a su hijo a una pared. Encima vemos las fotografías del pobre bebé, de 22 meses, con la cara pixelada por los periodistas, ahí pegado, con saña, con locura. El niño tiene la edad de mi hija. La imagen me deja conmovida y no se me va de la cabeza.
Otra mujer, en Colombia, da a luz en la orilla de un río y abandona a su hijo ahí mismo, pues "es fruto de un pecado". Al parecer la pobre mujer se quedó embarazada de una relación extramatrimonial y, como no estaba casada, decidió abandonarle. Ella pertenece a la Iglesia Pentecostal y ha querido seguir al pie de la letra lo que dice la Biblia. Al día siguiente acude al lugar, por si puede enterrarle, y ya no le encuentra. Le dice a la policía que "se lo habrán comido los perros". (Gracias, Señor, por haberte conocido en toda tu grandeza de Padre. Haga lo que haga, cometa los errores que cometa, lo más importante para ti siempre seremos nosotros, nuestro bienestar y nuestra felicidad, como todo padre quiere para sus hijos).
También he oído varias noticias por la radio. En una, unos padres asturianos piden ayuda desesperada para poder concebir a un bebé que pueda curar la enfermedad de su hijo. Lo oía mientras caminaba por las calles de Oviedo, cuando aún no había amanecido y tan sólo se escuchaban los tacones de las mujeres que, (siempre arregladísimas, esto es Oviedo), iban apresuradas a su trabajo. Pensaba en el bebé que podría ser concebido de esa forma tan utilitarista... Y pensaba también, cómo no, en esos padres que están sufriendo tanto, viendo a su hijo enfermo. ¿Qué haría yo en su lugar?
Finalmente he escuchado que ya pueden ser inscritos en el Registro Civil los hijos nacidos de vientres de alquiler. En España esto aún no es legal, pero veo que nos queda más bien poco. Pobres niños, pobres vientres de alquiler, pobres padres.
En fin. Hoy ha ido la mañana de niños. Lo más delicado de este mundo, lo que más debemos proteger, lo más débil, y lo más influenciable que tenemos en nuestras manos... los niños. Y parecen ser, cada vez más, moneda de cambio, juguete, antojos, adornos... y hasta presa de nuestras iras.

lunes, 4 de octubre de 2010

Sigue lloviendo


Hace días, meses, que llevo pensando que debería dedicarles una entrada.
Les veo cada poco, en medio de la ciudad, caminando algo encorvados bajo el peso de sus grandes mochilas y ayudándose de un bastón que delata en seguida su condición: peregrinos.
Otras veces les he visto en los caminos, en las carreteras, incluso en otras zonas más típicas: León, Ponferrada... Pero nunca pensé que se podían ver tantos peregrinos en Asturias, y aún más, en mi ciudad, en mi barrio. Les veo caminando tranquilamente al lado del Mercadona donde siempre compro, alguna vez son orientales, les sonrío, les saludo, me devuelven el saludo encantados.
Hoy he visto a una pareja al lado de la catedral de Oviedo, a las 8 de la mañana. Caía un chaparrón de los auténticamente asturianos y otoñales, y ellos, provistos con unas capas pluviales muy apañadas, corrían a refugiarse bajo el atrio.
Estábamos solos, ellos y yo, y la lluvia, y mi paraguas y mis ganas de llegar medianamente elegante al trabajo, aún estando empapada.
Al verles, pensé que aquella imagen no podía ser muy distinta quinientos años atrás. Dos peregrinos protegiéndose de la lluvia bajo una catedral del camino.
Es de esas veces en que uno piensa que la vida avanza, desaparecen los periódicos y aparecen las tablets, y el sistema tactil, y las distancias del mundo se acortan. Pero sigue lloviendo y nos tenemos que refugiar en los mismos sitios.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Por donde el sol no brilla



"Por donde el sol no brilla", así titula Carlos Herrera hoy su columna habitual del diario ABC. Suena algo groserillo, pero lo dice con tanto gracejo que uno se congracia y acaba estando de acuerdo con él. Aún resuenan los ecos de la huelga que anteayer nos paralizó, más por temor y expectación, que por apoyarla. En Asturias tuvimos el "honor" de ser la Comunidad Autónoma con más seguimiento de España. Y al parecer es "tradición" que sea así. Pues qué bien. Están aquí las cosas como para andarse con tradiciones, pero del siglo XIX.
Carlos Herrera cuenta que al propietario de un estanco de Sevilla, le entró un "piquetero" en el establecimiento y, después de haber cogido tabaco para todos, se despidió diciendo "que pague tu puta madre, esquirol de mierda". También cuenta lo que vivió el conductor de un autobús escolar al que le reventaron la luna delantera con una bola de acero... y con los niños dentro. Y la historia de la escuela de Montellano, donde el Sindicato Andaluz de Trabajadores interrumpió las clases y sacó a los niños a la calle. Y... situaciones similares se habrán dado en todas partes. Entonces Carlos Herrera dice que la gente "suele llevar mal que la humillen". Pero lo cierto es que al final no pasará nada, porque pondrán "cara de bobos, ojitos tiernos, verbo de "diálogo y talante", aspecto de paripé, e insultarán una vez más a la inteligencia en la más absoluta de las impunidades. Es lo que hay".
Por eso, al final, nos meteremos todos la huelga donde dice el titular.

... después de mi silencio

Después de mi silencio viene contar que he empezado a trabajar. Que María ha empezado el "tole" (el cole), que tengo sueño pero que estoy feliz. Que ayer no hice huelga aunque no me dejaran llegar a mi trabajo. Y que me alegro de que algunos famosos sean tan valientes, tan positivos y tan guapos todos de luchar por lo que verdaderamente merece la pena en la vida.


domingo, 5 de septiembre de 2010

Hugo

Al llegar a nuestra nueva ciudad, María y yo empezamos a frecuentar el Mercadona más cercano a nuestra casa. Allí nos encontramos, desde el principio, con Hugo. En realidad no tengo ni idea de cómo se llama, pero el muy pillo se aprendió desde el primer momento el nombre de mi hija, y desde entonces no ha dejado de llamarla y de hacerle siempre una carantoña cuando la ve. Ella reacciona hundiendo la cara en el saquito de la silla, haciéndose la avergonzada cuando en realidad se le abrirían las plumas como un pavo real del gusto que le da.
Hugo no pierde su sonrisa, bien esté en la caja, o "reponiendo", como a veces cuenta que le toca, o charlando con alguna persona que se para a su lado.
En realidad no es más que ningún otro trabajador del supermercado. No parece que tenga más responsabilidades que cualquiera, y sin embargo, tiene un halo diferente. Yo, que soy más bien despistada, me he quedado con su cara, más que con la de cualquier otro. Evidentemente ese halo se llama simpatía y sencillez, no tiene más ciencia que aquella. Con lo fácil que suena, y lo complicado que es llevarlo a la práctica.
A medida que pasan los años, voy conociendo cada vez más personas. Cada una tiene una virtud que destaca por encima de cualquier otra. Y esas virtudes, es decir, eso "positivo" de ellas, siempre es excepcional: hay personas súper trabajadoras, creativas, grandes escritores, grandes bromistas, grandes madres o padres, grandes luchadores... Pero yo, si tuviera que valorar una virtud por encima de las demás, me quedaría con la que intuyo en Hugo: ser alguien sencillo y fácil de llevar.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Sí y No

Superado el vértigo inicial de la llegada, que me ha impedido escribir en el blog, comunico, si queda alguien en el espacio exterior, que mi familia y yo hemos tenido a bien volvernos del sur, cargados de calor para aguantar en Asturias el resto del año.
Ya hemos llegado. María es más "María" que nunca, y yo también soy más yo que nunca. He decidido que, o soy fiel a mí misma, o me convierto, lo veo clarísimo, en lo que todos quieren que sea. Y lo mejor es que cada uno tiene una idea maravillosa para mí. Sería genial abandonarme en brazos de una sola propuesta (qué placidez, dejar la mente en blanco), pero soy incapaz, y encima todas las cosas que se me proponen, se contradicen entre sí. Qué va, qué va. Yo me equivoco y me espachurro contra una pared, pero yo solita, gracias. Y es que si algo he aprendido en estos últimos días, es que varias personas pueden ser perfectamente cabales y opinar radicalmente distinto.
Y María, creo que piensa lo mismo. Ha aprendido a decir las mejores y casi únicas palabras con las que debe defenderse en la vida. Dice "Sí". Y a veces dice "Sís". Y también dice "No". Y a veces dice "Nain"... que suena a "No" germánico, muy propio de ella.
En realidad tan sólo llevamos cuatro días en casa. Y lo cierto es que por fin empiezo a creerme que realmente vivo aquí. Nuestra vuelta de vacaciones ha sido distinta a otros años. Algo dolorosa, por aquello de volver a la rutina. Pero también alegre, porque ya tenemos un hogar, nuestro lugar de referencia, donde las cosas ya no tienen por qué ser "provisionales" constantemente. Hasta que no lo he tenido, no sabía lo importante que era para mí.
Este año tenemos muchos asuntos pendientes que cerrar, muchos objetivos que cumplir, muchos planes que organizar. Pero pensándolo bien, creo que deberíamos hacer como María. Aprendernos bien el "Sí" y el "No". Ah! Y pienso copiar también la sonrisa de "Hugo", el dependiente de Mercadona. No os lo he presentado. Mañana, sin falta.

jueves, 15 de julio de 2010

Hoy la ciudad huele distinto


Llevo toda la tarde con la misma sensación detrás de la oreja. (Como la mosca).

Nunca me hubiera atrevido a decirlo en alto, pero tenía a mi marido al lado, y no he podido reprimirme. Además, ¿por qué no iba a decírselo?

Asomada a la ventana del salón, salí a comprobar una vez más si la sensación seguía ahí, después de tantas horas.

Y sí, ahí seguía.

-Cariño, huele genial.

-Ajá.

-¿Por qué no te asomas?

-No, ya huelo desde aquí.

-¿Sabes a lo que huele? -le dije, aspirando una vez más, y comprobando que era totalmente cierto lo que le decía.

-No, ¿a qué?

-A libertad.

Me mira, sin pestañear:

-No te flipes.

(Esto último de "no te flipes" lo copiamos de una prima mía adolescente, y nos lo decimos mutuamente cuando vemos que puede encajar, porque, dicho con la entonación correcta, suena bastante humillante).

Vuelvo a aspirar. Huele tan bien que no puedo evitar hacerlo una y otra vez. El aire húmedo y perfumado me envuelve. Aunque no me encuentre en mi mejor momento emocional, el olor me invade y me llena de bienestar, me aporta tranquilidad.

-¿Sabes lo que estoy pensando?

Se sonríe y me contesta:

-Ni idea.

(Evidente, podría estar pensando cualquier cosa y ninguna normal).

-Que momentos como éste conforman la felicidad de una vida.

Vuelve a mirarme:

-Sí, yo mirando coches, tú oliendo... es genial.

Yo vuelvo a oler. Creo que lo que sucede es que va a llover, y la tierra, además, desprende un olor maravilloso. Es el olor a tierra más dulce que he olido jamás. Y siento que huele a libertad porque me hace salir de mí misma, reaccionar, darme cuenta (como cuando tengo un problema y me da por mirar al cielo), de lo enorme que es el mundo, y que está lleno de variedades, de caminos, de personas diferentes.

Así huele la libertad para mí. A inmensidad. Y por lo que parece, a tierra que se prepara para la lluvia.

miércoles, 14 de julio de 2010

Moratinos se apunta a un bombardeo

Acabo de escuchar un fragmento de la entrevista que le han hecho, en Onda Cero, a José Antonio Alonso, portavoz del PSOE, esta misma mañana.
Hablaban sobre la "excarcelación" en Cuba de varios presos políticos, y del papel que España está jugando en este proceso, como país de acogida para los mismos (porque en Cuba, no se olvide, no pueden estar). Tal y como lo exponía este señor, sin un solo quebranto de su voz, y con la cara más dura que he visto en mucho tiempo, parecía proclamar a Moratinos como candidato a Premio Nobel de la Paz, como si toda la gestión hubiera sido realizada por nuestro Ministerio de Exteriores. A medida que iba escuchando la entrevista, sentía que la sangre se me recalentaba hasta el punto de ebullición, y me acordé de San Pantaleón y su sangre licuada todos los años.
Al finalizar la entrevista, uno de los contertulios (que bien podía haber pedido un turno de preguntas para dejárselo muy claro al insigne ex Ministro de Justicia), apuntó, con exactitud, que Moratinos tan sólo se ha subido a carro de las gestiones que desde años lleva realizando la Iglesia en Cuba. Bien dicho. Así es. Y que este gobierno se apunte el tanto me hace sentir como el Etna a punto de estallar, porque, sin ser ninguna experta (ya me gustaría), en Cuba y en los presos de conciencia, he tenido el privilegio de hablar con disidentes que continúan viviendo en la isla como Oswaldo Payá, Presidente, a la sazón, del Movimiento Cristiano de Liberación, como Dagoberto Valdés, durante muchos años miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz, o con la mujer de Oscar Elías Biscet, que visitó España no hace mucho y ahora está en Cuba.
Todos ellos han recibido y reciben el apoyo de la Iglesia durante sus largos años de luchas y sufrimientos; y cuando me refiero a la Iglesia , no me refiero al arzobispo de la Habana, monseñor Jaime Ortega, (que por supuesto), sino también a Roma, y creo obligatorio recordar la visita que hizo Juan Pablo II, que tanta esperanza llevó a la isla, y a tantas otras visitas, quizá menos nombradas, como la de Tarcisio Bertone, el año pasado.
La Iglesia ha respetado los tiempos. Ha trabajado calladamente, a veces ha sido acusada de connivencia con el gobierno cubano, pero creo que sería mejor llamarlo prudencia. Y los frutos vienen dándose desde hace años, y quizá éste sea (quizá, no pondría la mano en el fuego), el principio del fin.
En todo caso, me empaparé de los periódicos y como observe más declaraciones de este tipo "vive Dios" que escribiré hasta al mismísimo Rosario de la Aurora para luchar contra esta mentira y esta falta de reconocimiento. Pero claro, los sacerdotes pederastas venden más.
Por cierto... ¿cómo "presos políticos"? ¿No eran delincuentes comunes, como afirmaron el actor Willy Toledo y Lula da Silva?
Si son delincuentes comunes, ¿cómo España les presta cobijo?
Es indignante.

martes, 13 de julio de 2010

Ojalá todo fuera el fútbol...



Somos campeones del mundo... pero no podemos olvidar que también nos conocen en otras partes del mundo por dar cobijo a actos tan espantosos y crueles como el aborto. La Organización Derecho a Vivir ha hecho público este documento (es más extenso, sólo publico un resumen):

La Cámara de Diputados de Chile acaba de aprobar una declaración institucional de solidaridad con la causa provida en España, con mención expresa a Derecho a Vivir.
Ésta es la resolución:


“La Cámara de Diputados de Chile acuerda expresar su solidaridad a todas las organizaciones mundiales que luchan contra el aborto, en particular a la ONG española Derecho a Vivir, que ve con horror cómo en España se ha perfeccionado el asesinato más reprochable en contra de un ser indefenso, cual es el cometido en el aborto, cuyas víctimas –por su desamparo legal – no podrán recurrir a los tribunales internacionales reclamando por el derecho humano más básico que no es otro que el derecho a la vida”.

domingo, 11 de julio de 2010

Así se gana

Me alegro por España. No vi el partido, pero por supuesto que miré por la ventana para ver qué hacía la gente. Parece ser que todo Gijón estaba en la calle menos mi familia. Bueno, y la vecina de enfrente que salió a gritar "¡¡¡campeones!!!" por la ventana.
No seguí muy de cerca el caso de Iker Casillas y Sara Carbonero, pero como periodista me interesé por las poco afortunadas declaraciones del Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid. Leyendo de aquí y de allá, pude entender que la pareja acogía con discrección la polémica que les envolvía, pero que, de sufrir, nadie les había librado. Tras varias entrevistas a lo largo del mundial de la joven periodista a su novio, he aquí la última, todo un documento. Me pregunto si hay precedentes en la prensa mundial. (Porque el Príncipe jamás besó a doña Leticia en directo). Ojalá que dure para siempre. Mientras tanto, permítanme ser romántica, soñadora e ilusa, si quieren. Para mí será para siempre, y perfecto, mientras se demuestre lo contrario.
Yo diría que es un broche de oro, una venganza maravillosa para las mentes perversas y amargadas.

Bajo el agua



Hoy he estado nadando en la piscina. Se me ha ocurrido ir a las siete de la tarde, por aquello de encontrar cierta tranquilidad. Y vaya si la encontré. Mi barrio parecía un pueblo del Oeste, sólo faltaban las bolas enormes aquellas de paja, o lo que fueran, rodando por las calles.
Sentir que era casi la única ciudadana que no estaba en mi casa, preparada con la pizza, o las aceitunas y la cerveza, para que empezara la final del mundial... es una sensación estupenda. Me gustan las calles vacías, como si todo el mundo estuviera descansando en paz.
La segunda sensación del día ha sido estirarme bajo el agua. Llevo días sin hacer deporte, sin moverme casi nada, y tengo el cuerpo tieso como si me hubiera tragado una escoba. Bucear, escuchar el silencio, e intentar dejar mi mente en blanco han sido la guinda de la tarde. Está claro que tengo que intentar sacar ratillos para nadar. No sé qué tiene el agua, que me deja como nueva.

viernes, 2 de julio de 2010

Expedientes X


Hace un par de días, consultando nuestra cuenta bancaria por Internet, observamos que una empresa de gas, (que nosotros no tenemos contratada) nos había cargado tres recibos diferentes y además el mismo día. Alarmados, nos pusimos en contacto con la empresa, que aseguró no tener nada que ver en ello. De esta manera, anulamos los cargos en el banco, que nos aseguró que ellos tampoco habían tenido nada que ver.
Cuando, ese mismo día, se me ocurrió contárselo a mi madre, ésta me respondió que precisamente hacía un rato que habían hablado con la empresa aseguradora de su coche, pues habían visto que les habían duplicado el coste del seguro sin previo aviso. Al llamar a la empresa, éstos se limitaron a afirmar que había sido un error, y les retiraron la cantidad que les habían cobrado de más.
Uno puede pensar que se trata de casualidades. O puede pensar que hay mucho listo suelto por el mundo. Total, por pensar seguro que no nos cobran...
¿O sí?
Post Data: No pierdan ustedes ripio de su cuenta bancaria.

Reconciliándose en medio de la calle


Hay días en que parece que llevara toda la vida aquí, como si nunca me hubiera ido. Otras veces, aunque ésta fue la ciudad que me vió crecer, me parece un lugar inhóspito, algo frío, lleno de personas que no conozco, y de costumbres que me son ajenas.
Pero al llegar, hubo una cosa que me reconcilió con la ciudad, y especialmente con la zona en la que iba a vivir. Recuerdo que en Madrid, mi marido (que entonces era mi novio) y yo, solíamos ir con frecuencia a una pequeña Iglesia que hay que la calle Serrano, y que pertenece a un movimiento apostólico llamado Shoenstatt.
Aquello era como un oasis en medio del asfalto. Situada en un alto, llena de vegetación, de flores que olían a gloria y que te hacían sentir como de vuelta en un pueblo, en medio del campo... se levantaba el Santuario de Shoenstatt, una pequeña capilla, pero muy, muy pequeña, inundada de silencio.
Me gustó desde el primer momento, allí encontraba la paz que necesitaba y la imagen de la Virgen era tan bonita, que entendí con ella aquella frase que decía "La belleza salvará al mundo".
Con el tiempo supe que aquel movimiento, en concreto los santuarios, habían recibido de la Virgen varios dones. El único que siempre recuerdo, por razones obvias, es el de la "acogida". Aquel que llega a un santuario de Shoenstatt siempre se sentirá acogido y deseará volver. Fue impactante reconocer que lo que yo había sentido allí dentro, era algo propio del lugar, como un regalo de la Virgen del que yo y todos los visitantes nos beneficiábamos por igual.
Al llegar a Gijón, por un amigo de mi marido supimos que había una pequeña capilla de Shoenstatt muy cerca de nuestra casa. Aquello me sorprendió, pues pensé que no sería algo conocido en Gijón, y un día, después de dar mil vueltas, lo encontré.
Estaba, y está, en medio de un pequeño descampado, rodeado de urbanizaciones ya construidas hace unos cinco o diez años. Se llega hasta él subiendo, como se pueda, unos rudimentarios escalones que alguien ha hecho con buena voluntad pero evidentemente con pocos medios, (vamos que yo no puedo subir con la silla de María, porque nos despeñamos). Una vez arriba, está la imagen de la Virgen sobre unos ladrillos con forma de pequeña casita, y eso sí, rodeada de flores. Delante, un par de bancos, también muy sencillos. Y alrededor, árboles.
Es una gozada. Primero, ver que los vecinos han respetado una iniciativa tan personal y sencilla. Segundo, encontrarte en medio de la calle una imagen de la Virgen, y no cualquiera, sino esa, que te acoge y te hace sentir en casa.
Cuando entre todas nuestras prisas, el trabajo, las obligaciones... ¡las rebajas!... alguien te ayuda a encontrarte con lo único que importa...

lunes, 28 de junio de 2010

Aprender a querer (amistades)

A veces me da por pensar que algo que puede parecer tan natural no es tan fácil. Conozco amores de todo tipo, amores que matan, amores que agobian, amores en la distancia, amores posesivos, amores descafeinados, amores que nunca fueron amores...
Y no me refiero sólo al amor de pareja, sino también al amor que le profesa una madre a un hijo, o un amigo a otro amigo, por ejemplo.
Porque si los amores de pareja dan para un libro, ¿qué podría escribirse acerca de las amistades o de las familias?
A lo largo de los años, y con toda la gente que he podido conocer, que ha sido mucha (gracias a mi profesión y a que siempre me he apuntado a un bombardeo), he podido hacer muchos tipos de amistades.
Con algunas, he intimado especialmente durante un tiempo. Se trataba de amistades, podríamos llamarlas, de verano, o de circunstancias: campamentos, voluntariados, viajes, congresos... También por mi trabajo pasaron todo tipo de personajes de los que guardo increíbles recuerdos.
Ahora que ha pasado algún tiempo de "sequía", me da por pensar en las diferentes maneras de querer que hay.
Hay gente que desapareció. Nunca más se supo.
Gente que estuvo ahí mientras yo me esforcé en que estuviera.
Y gente que, pasados los años, sigue ahí como el primer día. Que me da sorpresas por teléfono, que se molesta por saber de mí, y que al hablar con ellos, siento que no hay distancias, ni tiempos, ni estados sociales (casados/solteros). Entonces me doy cuenta de que el amor entre amigos es libre y riquísimo. Lleno de buena voluntad, de amnesia para con los posibles fallos del otro, con una pizca de admiración y de cariño por los tiempos que se pasaron juntos.
Supongo que alcanzar tal grado de madurez no siempre es fácil. Y lo digo por la cantidad de gente que conozco que no ha sabido querer, yo misma en muchas ocasiones. Por eso, y porque sigo viendo a mi alrededor este problema, no dejo de pensar que nos pasaremos la vida aprendiendo a querer.

sábado, 26 de junio de 2010

Aprender a querer (parte 1ª)



A veces me da por pensar que nos pasamos la vida entera aprendiendo a querer.
Cuando le daba vueltas a este tema, me acordé de una preciosa canción de Pedro Guerra: "Lazos". No he encontrado el vídeo en Internet, pero aquí está la letra:

Estabas sola, pero tranquila,
cuando te dijo "qué linda estás"
y fue una ráfaga de la vida,
fue una ventana en la oscuridad

y susurrado como en los cuentos
aprovechó tu debilidad,
llovió la lluvia en los cauces secos
y puso un beso en tu soledad.

Como una flor jamás presentida
se hizo el guardián de tu intimidad,
en los balcones ropa tendida
y afuera el ruido de la ciudad

Pero pensando que el tiempo es vela
que se deshace sin avisar
encarcelaste al amor que vuela
con el temor de lo que se va.

Y te entregaste sin condiciones
y te olvidaste quizá de ti
y como dicen en las canciones:
si tú te vas qué será de mí.

Forzaste quizá demasiado los lazos
pensando que en eso consiste el amor
en dar, sin medir, el calor de un abrazo.
Quién sabe qué fue, qué pasó...

Estabas sola pero tranquila
cuando te dijo: "vengo por ti"
"eres la cura de mis heridas
toda la vida que no viví".

¿Y cómo hacer para no quererle?,
¿cuál es el paso que hay que medir?,
¿cuál es el límite de la fuente,
cuál es el tope de la raíz?.

Forzaste quizá demasiado los lazos
pensando que en eso consiste el amor
en dar, sin medir, el calor de un abrazo.
Quién sabe qué fue, qué pasó...
qué paso…

viernes, 25 de junio de 2010

Pregunta



Pregunta para el ciberespacio:
¿Cuánto tiempo puede estar llorando una niña de 19 meses? El partido más largo de la historia del tenis podría convertirse en una simpleza si se dieran a conocer los últimos sucesos que han tenido lugar en Orbón.

jueves, 24 de junio de 2010

Problemas de ayer y de hoy


En Gijón o en Madrid, en todas partes me encuentro con los mismos problemas. Unos, sospecho, no tienen edad. Ejemplo: Unos recién casados con una casa recién comprada y un embarazo recién... embarazado, no tienen un duro. Como es el caso de mi amiga Isabel. Pero la ilusión, creo yo, suple los huecos de las paredes sin muebles ni cuadros, y la habitación del bebé fabricada con restos, préstamos que han pasado por varios sobrinos... y el tiempo y el buen gusto, afinado por la necesidad, irán haciendo lo demás.
Otros problemas, como el que me comentaba el otro día Carmen, madre de dos niñas pequeñas, son más de estos años que nos han tocado vivir. "No quiero que mis hijas me las eduque una señora". Muy bien. Hasta ahí todos de acuerdo. Pero cuando los niños vienen seguidos, son pequeños, y necesitas seguir trabajando... en parte porque necesitas el dinero, en parte porque adoras tu profesión y piensas que puedes ser útil... Entonces se impone la "gran duda del siglo XXI" (cómo me gusta exagerar): ¿guardería o señora?
La guardería es un recurso maravilloso, pero muchos piensan que es más adecuada a partir del año o año y medio, que el niño es más autónomo, está más formadito y parece menos "frágil". Además, algo importante, ya puede caminar. La señora, en cambio, es otra solución, aunque más cara, eso sí, pero quizá la más adecuada para cuando tienes que abandonar a un bebé de 4 meses durante 8 horas (en el mejor de los casos) todos los días.
Primer problema: ¿cómo me fío yo de una señora que viene, muchas veces, de otros continentes, con otras culturas... por mucho que sea cariñosa y me guste, a priori, cómo trabaja?
Segundo problema: ¿Cuando tu hijo mayor tiene dos años, y el siguiente, por ejemplo, es un recién nacido... pagas una guardería y una señora? ¿Cuánto puede llegar a costar eso? Muchas veces casi un sueldo entero.
Ante este problema, con tan sólo dos niños tengo amigas, como Mariajo, que se están planteando pedir una excedencia hasta que los peques puedan ir al cole. Pero las cosas no están como para pedir excedencias, porque puedes encontrarte con "la excedencia definitiva" en tu trabajo, o la sorpresa de encontrarte con un puesto inferior a tu vuelta, o... ¡tantas cosas!
Muchas madres se pegan el atracón de unas oposiciones, o simplemente buscan un trabajo de media jornada que les permita criar a sus hijos estando presentes en el hogar.
Un día leía una entrevista a una de las actuales Ministras, que tiene un par de hijos en plena adolescencia, que en su familia "se habían acostumbrado a no llamar más que en casos de extrema necesidad, y a comunicarse vía internet entre el padre, la madre, y los hijos". Allá cada cual, a mí no se me ocurre una manera más fría de vivir la vida en familia.
Me contaba mi amiga Amparo que una compañera suya de trabajo le había dicho que "se notaba que era una madre muy presente". Y ella me comentaba: "no podían haberme dicho mejor piropo".
Yo creo que hay que estar. Por supuesto no es necesario vivir pegados a los hijos. En un par de años ellos ya necesitan su autonomía y sus horitas de estar con otros nenes. Pero, hay que estar. Para conocerles, para tratarles, para hablar con ellos, para educarles... Es un sacrificio fuerte, es un cansancio fuerte, también. Es una renuncia de tu propia formación profesional, en muchas ocasiones. Pero son etapas. Llegarán otras en las que quizá nos sobre el tiempo, y será entonces cuando podamos hacer todo aquello que no hemos podido hasta entonces.
Así lo intento vivir yo, aunque África siga llamándome a gritos, y tantas cosas que estaban ahí, y ahora no. Pero merece la pena.
Ahora que cada vez más amigas van teniendo niños, veo que me encuentro con los mismos problemas en todas partes. Todos vamos teniendo los mismos quebraderos de cabeza. ¿Cómo compaginar trabajo e hijos?

viernes, 18 de junio de 2010

Sueño de invierno habitual







Estoy paseando por una playa de arena fina. Miro hacia el suelo y observo mis pies descalzos dejándose acariciar por una arena suave y calentita. El silbido del viento me acompaña y un aire templado me revuelve la melena suelta. Pero no me importa, yo sigo caminando dejando que el viento me despeje la cara y me haga cosquillas.
Levanto la vista al frente. El mar es tan azul y está tan calmado que con tan sólo mirarlo parecería que algo dentro de mí se relaja y todo es como cuando era muy, muy pequeña, y sólo tenía que cogerme fuerte de la mano de mi madre para sentirme segura.
A mi alrededor hay poca gente. Algunas personas pasean como yo, un par de chicas juegan a pasarse una pelota hinchable, y una pareja de ancianos me saluda, cogidos de la mano.
Una hilera de casitas de madera blanca con un gran porche están en primera línea de playa. De una de ellas sale una música que me trae recuerdos de cines antiguos, vestidos de flores y sombreros de ala de caballero.
Respiro hondo, levanto los brazos y pienso que no hay un lugar más bonito que éste en el mundo. Y estoy sola, y no necesito nada más.
No necesito clases, ni gente gritando cerca, ni personas que hacen comentarios de mal gusto.
Sólo está la playa, el mar tranquilo invitándome a nadar y a flotar en el agua, escuchando únicamente el sonido de las olas.
Entonces todo se vuelve oscuridad, alguien me toca el brazo, abro los ojos… ¿dónde está el mar?
Vuelvo a cerrar los ojos… “mi mar, mi arena, mi sol, mis casitas blancas, mi música…”
Y vuelvo a recordar que en la ciudad más gris tengo que guardarme mi sueño de invierno muy dentro del corazón, para que el sonido de las olas me acompañe siempre.

viernes, 11 de junio de 2010

Desde la cuna

El otro día leía en algún sitio que un padre de familia había afirmado que "a rezar se aprende desde la cuna". Y me hizo gracia ver que somos muchos los que pensamos así. Por una de mis mejores amigas, una madre con una sensibilidad con la que me identifico plenamente, siempre tuve conciencia de que el momento de irse a la cama podía ser un momento muy especial, si los padres se lo preparaban bien. Por eso, adaptado a mi forma de ser, o más bien, a la forma que vamos configurando mi marido y yo en los poco más de dos años que llevamos casados, siempre he intentado que la noche fuera especial para María.
La música siempre está presente en el baño; los cuentos, las bromas, las risas... son otras cosas que siempre intentamos que estén. Poco a poco, cuando María vaya soltándose un poco más y pueda seguir el argumento de los cuentos, sé que empezaré a inventarme historias sobre la marcha, para estimular su imaginación y de paso ir educando.
Además de todo esto, justo antes de irse a la cama, incluso cuando la niña era una recién nacida, yo me encerraba con ella en la habitación y rezaba con ella las oraciones que hoy, 19 meses después, ya se han convertido en un clásico, eso sí, corregido y aumentado.
Porque ahora, ya en nuestro "hall" definitivo (digo yo), tenemos una Virgen con un Niño frente a la que nos colocamos los tres y frente a la que rezamos. Con el tiempo me he dado cuenta de que podemos dar un poco de rienda suelta a la imaginación y con toda la intención del mundo, he "introducido" las peticiones a San José, a la Virgen, al Sagrado Corazón de Jesús... Y aprovecho para hacer un repaso del día en familia, lo cual es una bomba, porque salen a relucir perdones por aquí y por allá, y agradecimientos, y detalles de cariño entre mi marido y yo (porque la peque no hace más que asentir a todo, lo cual es encantador).
Yo sé que hay muchas familias que hacen este tipo de cosas, pero como a mí me ayuda el escuchar algunas experiencias, he decidido compartir la nuestra.

lunes, 31 de mayo de 2010

Y si sólo fuera el Sidecar...



Cuando dije que mi calle era un tanto peculiar, de verdad que no quería hacerme la interesante. Es que es así.
He vivido en varias casas en mi vida tamaño mediano. He tenido casi de todo, desde centros de acogida de mujeres maltratadas enfrente, hasta barriadas de gitanos. También he vivido varios años en un barrio como el de Argüelles, de Madrid, un barrio que me encanta porque en él se puede encontrar a todo tipo de personas, de todas las nacionalidades y edades, aunque quien opte a comprarse allí una casa ya puede prepararse para asaltar un banco.
Sin embargo, mi calle de ahora, de verdad que es peculiar.
Aún tengo que cogerle cariño, pero de momento puedo decir que con ella no me aburro.
Además del convento abandonado, que es de lo más bonito y jugoso que puedo tener para divertirme de puertas adentro, está también el vecindario, que puede ser de lo más variopinto. Tengo una familia de ingleses con niños de la edad de María con los que espero poder hablar en breve. Tengo otras familias afables y sonrientes que contribuyen a que me sienta a gusto. Pero luego tengo los que se pasean en un sidecar vestidos de años 20, con sus gafas de aviador y todo. Cuando les vi, supe que aquí nunca me aburriría.
Sin embargo, una de las cosas que más intrigada me tiene es la casita de monjas que tengo justo al lado. Hasta ahora sólo he podido deducir que acogen a mujeres inmigrantes. Estoy barajando la posibilidad de presentarme un día allí por si puedo ayudar. De ella veo monjitas muy mayores, vestidas de gris, entrar y salir, y son especialmente cariñosas con María. También veo salir a mujeres latinoamericanas, y otras que claramente proceden del Este de Europa. Pero lo más espectacular es ver a dos africanas vestidas para ir a misa los domingos. Aún no he visto a nadie cruzarse con ellas, así que no he podido ver la cara que pone la gente al ver semejantes vestimentas coloridas. Pamelas, blusas blancas brillantes, faldas hasta el suelo, tacones... Si cierro los ojos podría imaginármelas en un suburbio de Maputo. ¡Pero no en la calle Orbón! Aunque claro, si por aquí se pasean sidecares...

miércoles, 26 de mayo de 2010

Mi vida en Borbón

Dos días con sus noches en nuestra nueva casa y parece que me he trasladado a otro planeta desde la constelación de Santa Adela.
A diferencia de nosotros dos, nuestra hija se encuentra como Pedro por su casa y se recorre cada rincón, como si diera por hecho que hemos encontrado un hogar definitivo. Nuestra concha de caracol particular.
En el fondo es ella la única que se lo cree, porque nosotros dos entramos en el portal como pidiendo permiso al vecindario, nos quedamos quietos ante cada ruido esperando memorizarlo en el subconsciente para que no nos despierte en medio de la noche, y dudamos un buen rato cada vez que hay que colocar una taza en la cocina.
Es lo que tiene haberse venido a otro planeta.
Además de ser bonita, mi casa tiene unas vistas preciosas. Desde aquí puedo disfrutar de una calle tranquila, limpia y armónica, con algo de vida, y vida peculiar, por cierto, pero no demasiada.
Pero también tengo un jardín abandonado con el que poder soñar historias de miedo que amenizan cada paseo diario. Detrás del bloque que tengo al lado, hay un antiguo convento. Mi madre me dijo un día que antiguamente, las monjas que lo habitaban, se dedicaban a bordar los ajuares de "las niñas bien" de la ciudad y alrededores.
De hecho, creo recordar que siendo yo niña pasé una tarde de convivencias con mis compañeras del colegio en este convento.
Hoy es un edificio precioso pero totalmente abandonado, y rodeado por un inmenso jardín de naturaleza salvaje, de una belleza increíble a pesar de su estado.
Para ir al centro de la ciudad tengo que pasar por delante, y no puedo evitar mirar de refilón siempre alguna ventana. Algún día, quizá, me encuentre un rostro cadavérico vestido con una toca antigua, que se quede mirando fijamente cómo camino.
A lo mejor hay antiguas máquinas de coser que siguen funcionando sólas.
Quién sabe lo que puede pasar allí dentro. Y lo tengo ahí al lado...

sábado, 22 de mayo de 2010

Ojalá fuera un caracol


Cuando era pequeña me llamaban mucho la atención los caracoles. Aquello de llevar tu casa siempre encima, y de poder meterte dentro y que nadie te vea cuando no quieres, eso me parecía una gozada, y a medida que me hacía mayor y que mi sentido del ridículo se iba agudizando, más me atraía la posibilidad de convertirme en un caracol.
A veces incluso me daba por imaginar cómo sería la casa de un caracol por dentro. Yo creo que a esto ayudó algún cuento que leí de pequeña con ilustraciones sobre un caracol y su casita. El caracol tiene la ventaja de que puede irse tan lejos como quiera, que su casa siempre estará con él. Podría estar en la cima de una montaña, y dormir en su propia cama... algo que la gente viajera siempre echa de menos.
Podría estar en la India y meterse en su casita a cocinarse unos macarrones sin miedo a pillar una gastroenteritis de caballo.
Podría, en fin, hacer muchas cosas que yo creo que no hacen por lo lentos que son.
Lo de llevar la casa encima tiene sus ventajas. Como ni mi marido, ni mi hija ni yo somos caracoles, al venirnos a vivir a Asturias nos vinimos sin casa. Y esto ha supuesto tener todos nuestros enseres encerrados en una finca de mi familia durante cuatro meses, y estar de ocupas en casa de mis padres durante esos mismos meses, y vivir todo tipo de situaciones extrañas que sólo se pueden vivir cuando de repente se juntan cinco adultos con una niña pequeña en una casa ideada para dos personas.
Hace dos meses que compramos nuestra casa, sin embargo. Una obra interminable nos ha tenido condenados a estar sin ella, pero por fin, por fin, por fin, si el mundo no se acaba (y tengo mis dudas)mañana o pasado nos iremos a vivir a nuestro propio hogar.
Estamos, de hecho, en plena mudanza. Unos chicos estupendos de una asociación leonesa llamada "Nueva Vida" nos hicieron el trabajo. La mayor parte vienen del mundo de la droga. Cobran lo mínimo por trabajar como mulas y siempre con una sonrisa en la boca. Lo suyo es algo así como una terapia ocupacional y como ya les conozco a algunos de un tiempo a esta parte, creo que puedo decir que soy testigo de lo sano que es trabajar.
Dejaré para mañana o pasado los nuevos capítulos de "Mi vida en Orbón". No Borbón ni Bombón. Orbón es una calle que sé que dará mucho juego. Desde mi "ventana indiscreta" ya he podido comprobar que el blog se verá enriquecido con todo tipo de actuaciones estelares en la calle aparentemente más tranquila, pero de hecho una de las más interesantes de todo Gijón. ¿Que no? Al tiempo...

lunes, 17 de mayo de 2010

Como en "El traje nuevo del Emperador"



No es mi afán perjudicar a un menor, ni me gusta inmiscuirme en la tarea educativa de ningún padre. Como no soporto que lo hagan conmigo, procuro ser muy discreta con los demás. Pero el otro día vi en una revista una situación que me pareció inédita, y no puedo evitar comentarla.
Como todo el mundo sabe, la pareja formada por Brad Pitt y Angelina Jolie tiene en común varios hijos, creo que tres adoptados, y otros tres biológicos. De los biológicos, la mayor, llamada Shiloh, cumplirá en breve cuatro años. Yo sabía que era una niña, y por anteriores fotos que había visto de ella, era absolutamente un bombón. Aunque ninguno de los dos sea mi tipo, no podía ser de otro modo con semejantes padres.
El otro día, al verla en una revista, algo me chocó. Shiloh es una niña. ¿Por qué parece un chico? Llevaba el pelo cortado como un chico, y vestía clarísimamente como un chico. Al leer el pie de foto se me pusieron los pelos de punta. Decía que a la criatura (repito, aún no tiene los cuatro años), le gusta que le llamen "John", y vestir como sus hermanos (chicos). Los padres, se ve que prestos a que la niña no se le forme un trauma infantil confundiendo su sexualidad (la que la criatura -de tres años- siente que tiene), la visten de chico y le llaman por un nombre que no es el suyo.
A lo mejor un psicólogo opina que se trata de una medida acertada y alguien me tacha de... qué sé yo. Más de una vez me ha pasado de poner el grito en el cielo y que alguien venga a pararme los pies haciéndome sentir como una extraterrestre.
Pero qué queréis que os diga. A mí me parece increíble confundir así a una criatura que no tiene ni uso de razón. Me recuerda al cuento aquél "El traje nuevo del Emperador". A la pequeña (como al emperador) ¿nadie va a decirle las cosas tal cual son? Si ella por sí misma no tiene una iluminación y sigue en sus trece de querer ser como sus hermanos... ¿la convertirán en una chiquilla perdida, sin ser realmente ni un hombre, ni una mujer?

martes, 11 de mayo de 2010

historias del metro

La verdad es que no sé hasta qué punto influyen los estados de ánimo en las cosas que hacemos. No sé dónde acaba ese estado de ánimo y dónde empieza la voluntad. Sólo sé que sólo con voluntad no es posible que uno escriba con el corazón en la mano, pulsando las teclas como si fueran latidos casi frenéticos.
Sabina y otros muchos solían alimentarse de desamores y angustias. Y quizá yo misma en algún momento fui así también. Hace tiempo que se me acabó la poesía, que las prisas y la responsabilidad me arrebataron algunas ilusiones y algún punto adolescente que aún quería respirar ese aire de libertad que solía llenar mis pulmones.
Ya no sueño porque me ofende. Mi lucha es terminar a tiempo todo lo que tengo que hacer a diario. Incluso he estado resistiéndome a publicar que algo falla cuando no quiero escribir. Pero si no es ésto, no es nada. Y mejor que nada, siempre es esto.
En el fondo es un exhibicionismo pueril, pero no debo darme pena alguna porque todo lo que tengo, yo solita me lo he buscado. En fin. Quizá durante un tiempo escriba historias del metro, pero no historias de mí.

jueves, 22 de abril de 2010

ayer encontré un olor distinto, en una colonia extraña que nunca antes había conocido. Decidí que olía a cambio, a nuevas etapas, y como tantas otras cosas no pude esperar más que un día para hacerme con él.
Muchas veces siento la tentación de creer que las cosas serán distintas si lo superfluo alrededor de mí se renueva, pero al final el resultado es un montón de cosas medio nuevas, o envejecidas sólo a la mitad, y yo misma cansada de buscar lo de siempre.
En su día recuerdo que aquella frase de San Agustín que decía algo así como "¿A dónde iré que pueda escapar de mí mismo?" me abrió los ojos. Y la reconocí, no sólo en mí, sino en tantas personas a mi alrededor que buscaban y buscaban, sin fronteras ni descansos... y cuando volvían se encontraban con el mismo vacío de siempre.
Esto, supongo, es algo así. Uno puede variar constantemente de accesorios; su cuerpo, sus pensamientos y sus amarguras siguen acompañándole, quizá cada vez más ridículos y más evidentes.
Y los sueños también nos persiguen. Gracias a Dios que soy fiel a muy pocas cosas, pero lo poco que tengo me llena completamente.

miércoles, 14 de abril de 2010

El procesamiento de Benedicto XVI

En Libertad Digital, Javier Pereda escribe este interesante artículo que pone de manifiesto lo absurdo de los últimos ataques hacia la Iglesia, y especialmente en la persona del Papa Benedicto XVI



El pasado viernes, en Londres, un alto juez de Naciones Unidas solicitó al Gobierno inglés detener al Papa Benedicto XVI en su próximo viaje a Inglaterra, y procesarle ante el Tribunal Penal Internacional por crímenes contra la humanidad. Geoffrey Robertson, destacando su condición de juez de la ONU, en un artículo que publicó la semana pasada, argumentó que los juristas deben invocar los mismos procedimientos que se hacen para encausar a criminales de guerra como Slobodan Milosevic, en este caso, al Papa, como Cabeza de la Iglesia, responsable último de los abusos sexuales de los sacerdotes católicos.

El asunto está claro: se buscan Garzones, jueces ególatras y sectarios capaces de meter al Papa entre rejas o, lo que es mucho mejor, desautorizarle como pedófilo hasta conseguir la proscripción del cristianismo y recluirlo en las catacumbas por la dictadura del relativismo laicista; eso sí, mediante un fallo judicial.

¿Qué tiene que ver personalmente el Papa con la conducta abyecta, escandalosa y nada ejemplar de algunos desviados y corruptos dentro de la Iglesia? ¿Acaso no ha condenado el Papa, inmediatamente, estos abusos y ha tomado importantes medidas disciplinarias para corregir estas graves aberraciones, poniéndolas, incluso, en manos de la justicia? Por esta misma regla de tres, de tomar el todo por la parte, ¿qué podríamos decir de los casos de corrupción en colectivos como políticos, jueces, periodistas, empresarios...? ¿Los inhabilitamos a todos, por el mal que han cometido unos pocos? La responsabilidad ha de ser personal y esta acusación, jurídicamente, es insostenible.

Por eso conviene que esta campaña de persecución y desprestigio contra los cristianos sea una ocasión para explicar que, por unos pocos degenerados, no se puede descalificar a la Iglesia, fundada por Jesucristo, que es santa. No así, como puede comprobarse, algunos de sus miembros. Esta persecución solapada y el escándalo farisaico de los enemigos de la Iglesia nos recuerdan las palabras del evangelio de san Juan 15, 20-21: "Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán". Ante esta nueva persecución –una más durante estos veintiún siglos– los cristianos han de devolver bien por mal, sabiendo que Dios no pierde batallas, a la vez que han de hacer frente y defenderse de estos ataques injustos e inaceptables, haciendo valer el derecho a la libertad religiosa ante los poderes públicos.

domingo, 11 de abril de 2010

¿Está aquí la respuesta?

Me envía mi cuñado un artículo de Pío Moa, publicado en Libertad Digital, que encuentro realmente valiente, original y muy, muy clarito. Así que doy un paso al frente y me sumo a estas ideas. Caiga quien caiga, aunque quien caiga sea yo misma.

¿Por qué el progresismo es filopedófilo?

Pío Moa


Debido a que rara vez piensan en las implicaciones y consecuencias de sus tópicos, los progres se han enfadado por mi denuncia de que favorecen la pederastia. Por supuesto, cada poco se descubren redes de pederastas que son seguramente la punta del iceberg y nada tienen que ver con la Iglesia, muy al contrario. En estos casos son noticia volátil y apenas reciben atención de los medios. El caso del club Arny (que los progres intentaron presentar como una persecución contra los homosexuales) también se diluyó en la nada. Lo que interesa a los progres es atacar a la Iglesia y lo hacen, precisamente y en buena medida, porque saben que la Iglesia condena claramente la pedofilia. Utilizan para ello cualquier arma, incluso una tan de doble filo para ellos como la de los curas pederastas.

Veamos los hechos: el progresismo concibe el acto sexual como un juego placentero sin más complicación ni mayores consecuencias. Y si las tiene en el sentido más crudo de que la mujer o la chica quede embarazada, ven la solución en liquidar la vida humana en el seno de la madre. Existen, claro está, otros factores, sentimentales y emocionales, opuestos a la concepción progre de la sexualidad, concepción trivializante que por sí sola tiende a destruir la familia. Una de sus manifestaciones es la negación del papel del padre en la concepción o en la familia, pues niega el tópico igualitarista de la progresía. Los resultados están a la vista: cientos de miles de abortos, verdaderos crímenes si consideramos al embrión algo más que una acumulación de células semejante a un tumor; cientos de miles de divorcios, con sus costes emocionales (y económicos) frecuentemente muy altos, con cientos de miles de niños criados en hogares monoparentales, esto es, hogares mutilados. Sin duda tiene mucho que ver con todo ello la expansión de la droga, el alcoholismo, la delincuencia juvenil y una larga serie de síntomas de un mal muy profundo, de una salud social verdaderamente desastrosa.

Otro aspecto, que aquí interesa directamente, es la promoción alcahueteril de las relaciones sexuales a edades cada vez más bajas, creando entre los niños ambiente propicio a ellas y de rechazo del pudor. Porque el progresismo pinta tales cosas como una "liberación", un "progreso" (¿cómo no van a ser un progreso, si se oponen a la enseñanza tradicional cristiana?). En esa alcahuetería están enfrascados el Gobierno colaborador, no por casualidad, de la ETA, de las dictaduras y del aborto, y una multitud de periodistas y "educadores", y es por sí sola una forma de pederastia y corrupción de menores. Ahora bien, si estos adultos promueven activamente la relación sexual entre individuos de edad muy baja, ¿por qué no hacer lo mismo entre esos niños y los adultos que les "instruyen" y que, naturalmente, son más expertos y hasta, podrían decir en su demagogia, más responsables? Desde el punto de vista progre no hay absolutamente ningún argumento en contra. Simplemente, esos políticos y "educadores", aun si muchos de ellos no practican la pederastia, están creando el ambiente propicio para que esta cunda al máximo. No la defienden abiertamente –todavía no, porque entienden que el rechazo social sigue siendo demasiado fuerte, los "tabúes" cristianos no se erradican de la noche a la mañana–, pero todo se andará: sin decirlo, crean la atmósfera propicia para su desarrollo. Un desarrollo que vemos a diario, como el de tantos otros registros de degradación moral.

viernes, 9 de abril de 2010

¿Qué me pasa, doctor?


Anoche creí que sería una magnífica idea para el blog. Esta mañana ya no sé ni qué era. A veces se me ocurren frases brillantes para publicar aquí, tanto, que dudo de que sean realmente mías... Pero nunca duran en esta memoria de pez que tengo.
Ya no sé qué agenda comprarme, si electrónica, si manual... Ya no sé si pintarme las manos, ponerme el reloj en la otra muñeca... Ya no sé si ir caminando por la calle patas arriba para demostrarme a mí misma que hay algo de lo que tengo que acordarme y no sé qué es.
Y encima se me olvida preocuparme por esto también. Podría estar un montón de tiempo lamentándome, y ni siquiera puedo, porque en seguida pienso que hay otra cosa que tengo que hacer, y no lo recuerdo.

domingo, 28 de marzo de 2010

¿Dónde quedaron...?

Las numerosas noticias sobre los abusos sexuales en la Iglesia católica, horribles por cuanto tienen de verdad, horribles también por la carga de odio con que son escritas algunas, me tienen inquieta por sus posibles consecuencias. Consecuencias, por cierto, que llevan años, décadas en marcha, y que supongo que se incrementarán a partir de ahora.
Hace años que escuché a un norteamericano explicar cómo muchos padres en este país habían retirado a sus hijos de las catequesis, cómo no dejaban a los niños a solas con sacerdotes e historias similares.
Me pregunto si en algunos lugares un sacerdote católico es mirado con sospecha, buscando en él rastro alguno de posibles desviaciones sexuales.
Pero en el fondo yo no quería escribir sobre los abusos y sus consecuencias. Es todo demasiado trágico y demasiado sórdido y yo no alcanzo a comprender tanto sufrimiento, ni encuentro las palabras certeras para describir lo que se me pasa por la imaginación.
En realidad yo quería escribir sobre lo que creo que hemos perdido.
Yo sé que no hay nada nuevo bajo las estrellas en este mundo que hoy habitamos. Sé que el siglo XX no descubrió la sexualidad en todas sus vertientes y variantes, no hay más que irse a algunos templos milenarios de la India, o incluso entrar en las ruinas de un prostíbulo en Pompeya. Pero me parece que, en algún lugar de la historia, se nos ha perdido un punto de ingenuidad -en realidad no sé cómo llamarlo-, que hacía que las cosas fueran más limpias, más sencillas, más normales, menos agresivas.
Hemos dado tales vueltas de rosca al asunto que ya nada es lo que era, todo es explícito, no hay grandes sorpresas, todos lo sabemos todo y, como solía decirme un antiguo y querido jefe, "si todo vale lo mismo, nada vale nada".
Y esto no sólo afecta a nuestro comportamiento, que ya es grave. Lo peor es que afecta a nuestro pensamiento. Y ahí es donde hemos perdido algo, y ese algo, me tiene loca. Porque sea lo que sea, que no soy capaz de ponerle nombre, o describirlo con una sola palabra, ese algo era la guinda del pastel, la clave de la convivencia entre hombres y mujeres, políticos y políticas, periodistos y periodistas, jóvenes y jóvenas.
Hace algunos años, cuando en la programación televisiva de la sobremesa había dibujos animados y no gente que se insulta y cuenta sus intimidades, solía reirme de la ingenuidad de mi madre. Era incapaz de ver más allá en determinados asuntos. Si había una pareja de mujeres que viajaban juntas, y por sus gestos, sus comentarios y su manera de actuar, eran evidentemente lesbianas, mi madre era incapaz de verlo por sí misma. Al criarse en un ambiente donde aquello no era natural ni común, su pensamiento jamás iba más allá. Y tan sólo mencionarlo le escandalizaba, y lejos de creérselo, defendía que aquello era mentira y que se trataba tan sólo de dos amigas.
Algo parecido viví en África, algunos años más tarde. Allí, al menos en el África subsahariana, es frecuente ver a hombres paseando cogidos de la mano. Creo que alguna vez he aludido a ello en este blog. Un día, hablando con un misionero, le comenté si es que había muchos homosexuales en la zona. Y me contestó con una frase que nunca se me olvidará: "La homosexualidad es un vicio de los países ricos".
Ahí es nada.
Lo que nosotros hemos perdido, es la mirada transparente y limpia. Hemos perdido el "buen pensar", hemos perdido la posibilidad de las relaciones limpias, o la posibilidad de altos ideales como la fidelidad. A veces incluso me sorprendo a mí misma con la sospecha instalada en mi mente. Y me pregunto, horrorizada, ¿dónde se quedó mi inocencia? ¿y mi ingenuidad?
¿Dónde se ha quedado la autenticidad, y la mirada limpia...? Decía Garci en una de sus últimas películas, que los años 50 los españoles vivíamos unos años muy difíciles... pero que quizá éramos más "nosotros" que nunca.
Y esa frase me dió qué pensar.

lunes, 15 de marzo de 2010

Lo que yo no soy capaz de ver



Estamos las dos solas, la tarde ha caído y no he encendido la luz del salón.
Un curioso juego de luces y sombras se dibuja en la alfombra, y la televisión habla sin parar sobre las consecuencias de las inundaciones en Andalucía.
Tras un rato de silencio, le digo a María que es hora de preparar el baño. El sonido de mi voz de repente le asusta y, como suele ser habitual, se lanza a mis brazos con cara de horror. Yo me río, también como es habitual, y le digo "María, cariño ¿de qué te asustas? Pero si soy mamá".
Entonces María me mira y señala hacia el enorme reloj, herencia de mi abuelo.
-¿Te ha asustado el reloj?
María me mira fijamente. Es incapaz de pronunciar ninguna palabra, pero entiende perfectamente todo lo que le digo. Gira la cabeza para decir que no.
Y vuelve a señalar en esa dirección. Si no se refiere al reloj, quizá se refiera a la puerta que comunica el salón con el hall.
-¿Estás señalando la puerta? Estamos las dos solitas en casa, no tienes nada de qué asustarte...
Su mirada inocente y profunda vuelve a clavarse en mis ojos. ¿Qué me querrá decir?
Vuelve a señalar de nuevo, insistentemente, hacia esa dirección. Yo miro, y de repente, una idea absurda cruza por mi cabeza.
¿Qué está viendo esta niña? ¿Y si fuera capaz de ver algo que yo no alcanzo a ver?
-¿María, qué te asusta? Dime qué es lo que me estás señalando.
María vuelve a señalar de nuevo. Está claro que quisiera decirme algo y yo no alcanzo a comprender. Puede que sea una tontería, puede que sea el "tic tac" del reloj... puede que me esté señalando la dirección del baño... puede ser cualquier cosa.
Decido dejar a mi imaginación en el salón mientras me levanto con ella en brazos.
"Venga, María, nos vamos al baño".
Entonces, ante mi mirada atónita, María se va del salón diciendo adiós con la mano a lo que fuera que ha estado señalando todo el tiempo.