Si algún sacerdote leyera esta entrada, que me explique por favor cómo se cuantifica su jornada laboral, en horas, en sueldo... A cuánto sale la confesión, a cuánto cada misa, bautizos, consejos, atenciones, sonrisas, paciencia... Y sobre todo ¿hay rebajas? Porque no estamos para dispendios... También me gustaría saber cuántos denuncian a quienes les insultan por la calle.
Quisiera preguntarle a los voluntarios de las Misioneras de la Caridad de Madrid a cuánto sale la noche que pasan con los enfermos de Sida. Cómo cobran los pañales que cambian, los Rosarios que rezan, las horas que escuchan la vida de los enfermos, no siempre agradable, no siempre alegre, no siempre satisfactorio, porque siempre dan el ciento por uno... pero el día a día del voluntario no es una continua explosión de satisfacción, para qué nos vamos a engañar.
Les preguntaría a los misioneros, a las Hijas de San Vicente de Paúl, por ejemplo, cuánto te da el Estado cuando coges una malaria. ¿Te escribe el Rey, o el Presidente de tu país, y luego te dan una medalla? Les preguntaría si cobran horas extras y las apuntan religiosamente en un papelito para luego rendir cuentas, cuando se levantan a las 3 o 4 de la mañana. Me pregunto si el Estado financia las clases de "chichewa" o de "ronga", para poder comunicarse con la mayoría de los habitantes de Malawi, o del sur de Mozambique.
La Conferencia Episcopal ha publicado, como hace cada año, una Memoria anual de actividades. En ella se recoge, lo más detalladamente posible la cantidad de gente que resulta beneficiada con todas las acciones de la Iglesia en todos los campos en los que actúa, que son tan amplios que van desde la educación hasta la salud, pasando por la formación de parados, atención a mayores y niños...
Lo hace porque se lo pide el Gobierno, porque necesita dar cuenta de lo que hace con el dinero que reciben, y porque el Estado ya no aporta más que lo que la gente decida en la Declaración de la Renta.
Las cifras son espeluznantes, porque resulta que hay millones de personas que se benefician de las tareas de la iglesia, de sus sacerdotes, religiosos, seglares, voluntarios; millones de euros que el Estado se ahorra gracias a la callada y abnegada tarea de tantas personas que se ven invadidas de una fuerza que no pertenece al ser humano y que les dice "vete y reparte todas tus posesiones entre los pobres... después, ven conmigo"... Esa Iglesia que siempre es motivo de mofa en la televisión, que es insultada en tantas tertulias, columnas de opinión...
Y aunque esta Memoria debería de ser tan rotunda que cerrara la boca de un golpe a todos los que la critican, a mí me deja un regusto amargo. En el fondo la miro y me siento como si le hubiera pedido a mi madre explicaciones del tiempo que me ha dedicado y me dedica durante toda su vida.
Mamá, ¿podrías hacer memoria y escribir en un papel el tiempo que has dedicado a plancharme la ropa, el dinero que te has gastado en mis estudios, el aparato de los dientes, mis viajes al extranjero...? Por favor, pónmelo muy bien clarito, porque si no lo veo claro te preguntaré todo aquello que no entiendo, y te miraré con ojos de desconfianza, porque me parecerá que me ocultas algo.
Si alguien ve demagogia en estas palabras... me temo que no ha entendido en absoluto lo que la Iglesia católica supone para la sociedad.