jueves, 5 de marzo de 2009

Ha sido necesario que el conductor del autobús me avisara esta mañana de que habíamos llegado a la última parada y tenía que bajarme. Siempre he tenido facilidad, pero tengo que reconocer que últimamente tengo una capacidad para abstraerme del mundanal ruido que comienza a asustarme. Mi imaginación, "la loca de la casa", está más loca que nunca y más pendenciera, y más viajera y más huidiza.
Pero es que la pobre locatis tiene mucha información que digerir, muchos nombres que poner y muchos olores, datos, gestos e indumentarias que recolocar y analizar.
Hoy he vivido un vendaval de olores, de colonias y de personajes. Y al bajarme del bus, me tocó caminar, como siempre, un buen rato, hasta llegar al trabajo.
En mi pequeña caminata "madrileña" tengo la suerte de atravesar la Plaza Mayor, y recorrer algunos de los lugares que, para mí, tienen más encanto de la ciudad.
Aunque hoy la Plaza Mayor me pareció distinta. No sé de dónde salían, pero bajo los soportales tuve que atravesar contracorriente una procesión de hombres vestidos con andrajos, todos como del mismo color, el color que no tiene color, o que es todo gris, no sabría decir. Llevaban encima sus enseres, grandes macutos llenos de mantas y quién sabe qué más.
Y entonces me pareció que lo que yo creía conocer en realidad escondía millones de secretos que nunca llegaré a desvelar.
Todo me pareció más grande y más desconocido hoy, y lo mejor es que no creí que fuera culpa de Madrid, de una ciudad grande y deshumanizada. Sino de que las cosas están en constante cambio y lo que un día fue un lugar tranquilo, hoy es dormitorio improvisado de cientos de personas sin hogar.
El caso es que se me ocurrió pensar que, después de tanto tiempo buscando un hogar, quizá sería bueno instalarme de una vez por todas, sin esperar a que nadie llegue a regalármelo.
Pensé que mi hogar podía estar donde estuviera mi corazón, independientemente de los kilómetros que me separen del resto de la gente que quiero.
Hoy pensé que, en un mundo cada vez más frío, debía concentrar todas mis fuerzas en instalar los muebles, los juguetes de María, nuestras películas y nuestras radios en el suelo, cerquita de la tierra, y lejos de los castillos en el aire, donde llevan demasiado tiempo.
Así que a partir de hoy, puede que no me guste mi barrio, ni mi casa, ni mi ciudad. Pero ya tengo hogar, está en Santa Adela, lejos de todo y cerca de mi corazón.

4 comentarios:

Inés dijo...

Me gusta que vuelvas a renacer en el blog.Ya verás como Madrid puede ser tu hogar; depende de tí.Un beso

maria jesus dijo...

Ya que tenemos que vivir aqui, vivamos de la mejor manera posible. Que nuestra casa sea un oasis donde no entre ningun mal rollo de afuera y donde nos sintamos completamente a gusto.
Esto es lo que decidí hace bastantes años, y aunque nunca me he adaptado del todo a Madrid, en mi casa estoy en la gloria

Luis y Mª Jesús dijo...

Hace apenas media hora que he llegado del hospital donde ayer ingresamos a mi suegra. Hemos tenido oportunidad de hablar mucho tiempo porque ayer que me quedé a dormir y hoy estuvimos un rato por la tarde solas. la causa del ingreso es una amnesia temporal transitoria, pero sinceramente creo que la causa de la causa es la falta de orden en su vida. A los 30 años se aguanta, pero a los 80 el organismo ya no resiste. Esa especie de ansiedad que supone estar un poco provisional es una forma de vivir que, en cierto sentido ha transmitido a sus hijos, es un "cagaprisismo" (perdón por la expresión) que cada vez llevo peor.Ese estar en el aire te hace ir "flotando" por la vida y no te deja disfrutar de los pequeños detalles. No caigas en ello, ya que en esta sociedad hay pocas cosas estables, no fomentemos nosotros aún más la inestabilidad.
Un beso
María Jesús

Anónimo dijo...

Veo q has vuelto al trabajo! Supongo q ahora tendras + historias q contarnos.
Saludos