viernes, 10 de octubre de 2008

¿Y para cuándo la prostitución?



Dice el alcalde de Madrid que los hombres que llevan carteles publicitarios colgados de la espalda y del pecho ya no deben existir más en la ciudad. Que su trabajo es indigno, que no es sólo cuestión de estética.
Se ha abierto la veda sobre la dignidad o la indignidad de los trabajos. Los hombres-anuncio, todo un clásico en el centro de Madrid, protestan diciendo que lo verdaderamente indigno es no tener trabajo, y de paso aprovechan para mencionar los 14 coches escolta del alcalde, o los 3.000 euros que, dicen, cobra el alcalde todos los meses (sinceramente yo diría que cobra más).
De paso le dejan caer a ver si hubiera algún trabajillo para ellos en el ayuntamiento.
No quiero entrar, porque no sabría decir, en si su trabajo es indigno o no, aunque yo apuesto a que no lo es; de la misma manera que no lo son, como bien dicen hoy los periódicos, los trajes que llevan los deportistas, bien repletos de logotipos de los sponsors que les patrocinan.
En todo caso. Lo verdaderamente chirriante aquí es el extraño concepto de dignidad que se ha sacado a la palestra de la calle.
¿Y la prostitución?
¿Es más digno vender tu propio cuerpo, que vender oro y joyas?
¿Cuándo van a prohibir la prostitución?
¿Por qué no hay tolerancia cero de verdad con las mujeres que esperan medio desnudas, casualmente también en el centro de Madrid, conviviendo con los hombres-anuncio, esos que soportan el peso de un trabajo tan "indigno"?
¿Cuándo van a ser penalizados los hombres que hacen uso de tal esclavitud?
¿Cuándo se van a enumerar los irreversibles daños que provoca en la mujer un trabajo como éste? Porque la silicosis de los mineros es como un juego de niños comparados con los daños psicológicos que (yo lo he podido comprobar) causa el hecho de que, un día tras otro, te traten como si fueras una basura, un cacho de carne.
"La prostitución existe porque tú la pagas", dice una de las campañas más inteligentes que he visto.
Con el silencio de los políticos, también se paga la prostitución.
Y no digo más porque me subo por las paredes y luego me arrepiento de las cosas que escribo.

2 comentarios:

Isabel Riñón dijo...

¡Cuánta razón tienes!

Va a hacer falta dejar claro qué significa dignidad, ya que se ha puesto tan de moda usarla.

Luis y Mª Jesús dijo...

Querida paisana:
¡Qué ilusión me ha hecho tu comentario en el blog!. Nosotros vivimos al ladito de San Marcos, así que cuando pases por tu tierra podemos tomar un "vinin".
¿Que se puede esperar de una sociedad que cosifica el cuerpo, que no entiende que la sexualidad tiene como misión expresar el amor?. Pero el amor no consiste, como decía un profesor mío, en la ejecución de unos ejercicios gimnásticos más o menos placenteros, sino en la entrega de todo lo que "se es". El cuerpo es la palabra del espíritu y en ese sentido tanta pena me dan las mujeres que ejercen la prostitución como todos aquellos hombres y mujeres que convierten su cuerpo en un instrumento de placer; al final solo queda el hastío, porque la felicidad es patrimonio del espíritu, y si se disocia del cuerpo, este se prostituye.
Lo realmente paradójico en esta sociedad es que se ha perdido el concepto de la dignidad y los derechos fundamentales; si no lo creis ver en el blog Ni Dixi ni Pixi, su comentario a la prohibición de manifestarse en contra del aborto por si se hieren los derechos fundamentales.
Un beso
María Jesús