jueves, 30 de agosto de 2012

Rutina, bendita rutina

Esperemos que Teo nos ayude a encajar el invierno...

Después de un mes fuera de casa con las maletas, los juguetes, la sillita, toallas blancas para los mareos, toallitas húmedas para el cambio de pañal y para casi todo en la vida, cajas y más cajas que me ha dado por comprar para ordenar "más", ayer volvimos.
Por lo que he podido ver en muchos blogs de familias con niños, no soy la única que piensa que me he traído de vuelta a Mowgli y a un amigo como él, en vez de a mis dos pequeñinas. Será cuestión de tiempo que se aclimaten a la normalidad, a obedecer, a las normas...
Teresa y María empiezan a conocerse. Y lo han hecho este verano, donde han convivido las 24 horas, cosa que hasta ahora no había pasado, pues María estaba todo el día en el cole, y Teresa en casa. Sus horarios eran completamente distintos. Tenía la sensación de que se percibían la una a la otra como una extraña, cuando no como una contrincante, cosa que me tenía preocupada.
Pero este verano, aun cuando Teresa sigue siendo muy pequeña, ya es consciente de que tiene una hermana que es capaz de hacer cosas fascinantes, y María, ha empezado a darse cuenta de que Teresa es una potencial amiga y además, con toda la pinta de ser muy, pero que muy divertida.
Como soy hija única, para mí es un espectáculo precioso observarlas y verlas comunicarse, en muchos momentos, pero especialmente en el baño, donde se encuentran frente a frente, en un medio tan divertido como el agua.
También aprovechan para zurrarse de vez en cuando, especialmente la pequeña a la mayor. Los segundos tienen muy mala fama, y a mí esto de las generalizaciones nunca me gustó un pelo, pero tengo que reconocer que la leyenda negra en el caso de Teresita, -cuyo diminutivo me gusta resaltar para recordarme y recordarle que es un dulce bebé, y no un clon de Miguel de la Quadra-Salcedo, por su amor a las expediciones y aventuras varias- encaja a la perfección.
"¡Qué genio tiene!", dice la gente más discreta al rato de conocerla. Su madre, o sea yo, sonrío pensando... "Ya, pero es tan rica..."

miércoles, 25 de julio de 2012

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Hace años que me aficioné a internet, por mi trabajo, por mi curiosidad y últimamente, por auténtica afición. Es curioso, pues apenas he comenzado a vivir la treintena, así que no me considero una persona especialmente mayor, y cuando echo la vista atrás, puedo ver cómo ha cambiado la vida en tan sólo 10 ó 15 años.
Mi época de universitaria aún la tengo fresca en la memoria. Viví durante cuatro años en un colegio mayor, bastante moderno y bien dotado. Cuando comencé la carrera, había tres ordenadores en una sala común. El primer año hice uso de ellos, teniendo que turnarme con varias de mis compañeras. Aunque nunca hubo tortas por ellos, siendo realista. Éramos las futuras periodistas las que más los utilizábamos. Ni las carreras de ciencias, ni los médicos, ni los futuros maestros... casi nadie pasaba por allí.
A los dos años de comenzar la carrera, ya me puse un ordenador particular en mi habitación. Era todo un avance, y me pasaba las horas muertas escribiendo, y cuando quería perder el tiempo, cambiaba los fondos de la pantalla.
Recuerdo mi último curso de periodismo. Era el año 1999 e internet comenzaba a estar presente entre nosotros. Hice mi proyecto final de carrera sobre los periodistas independientes cubanos, y me documenté ampliamente en la red. Ellos ya la utilizaban para publicar los artículos que en la isla eran censurados. Pude encontrar la información en casa de mis padres, porque en el colegio mayor todavía no había internet.
Recuerdo que en una de las clases del último curso, un profesor nos preguntó quién tenía ya una dirección de correo electrónico. De más de cien personas, sólo tres o cuatro levantaron la mano. Yo, desde luego, no.
Comencé a trabajar, e Internet se volvió mi arma casi fundamental. La fundamental absolutamente son las personas, no creo que deba separarme jamás del testimonio personal, la mirada, la ironía, o la huida.
Pero Internet hoy está ahí, formando parte de nuestras vidas como jamás pudimos imaginar. Nunca tuvimos el resto del mundo más cerca... ni más lejos.
Encontrar la verdad hoy es más difícil que nunca, al igual que preservar tu intimidad. A un golpe de click contacto con personas a tiempo real al otro lado del mundo, me entero de temas de los que de repente todo el mundo está hablando, de productos milagrosos, me río con vídeos de niños que no conozco, y puedo flotar por las calles de casi cualquier ciudad que se me antoje.
Con Instagram, los blogs, los canales personales de youtube, me meto en las vidas ajenas y sé más cosas que antes no sabía. Me gusta, disfruto, lo aprovecho.
Con su punto de distancia, como creo que debe ser. Compruebo que hay personas que han hecho del "compartir" una forma de vida, sin distinguir límites ni fronteras. Por eso el peligro está ahí.
Creo que hablaré en próximas entradas de ese "compartir", y de otros aspectos que voy aprendiendo en Internet.

miércoles, 18 de julio de 2012

Teresita


Nació el 26 de junio de 2011. Acaba, por tanto, de cumplir un año.
Tenía tanta prisa por llegar, que si su mamá llega a esperar un poco más, nace en casa, como los niños de antaño. Pero yo tenía claro que, antes de ir al hospital, quería ducharme y arreglarme el pelo (alisado con plancha incluído), que luego en las fotos no quería parecer una parturienta cualquiera. No, no, no.
Con lo que no contaba era con mi facilidad para traer niños al mundo (gracias a Dios). (María también fue rápida, pero lo de Teresa asustó hasta a la matrona).
Si el cielo nos regala más niños, tengo claro que haré lo mismo, pero eso sí, entraré gritando "abran paso" al hospital, con mi melena perfectamente arreglada.
Sin entrar en detalles escabrosos, de los cuales un parto tiene por doquier, sólo diré que comprobé lo que duele parir en directo, sin anestesias ni nada por el estilo. No hay palabras para describir semejante horror, para qué andarnos con eufemismos. Eso sí, a la hora y pico yo ya estaba dando paseítos. Una cosa maravillosa. Y con mi princesa, pacífica, independiente, preciosa y dormilona a mi lado.
Cuando nació, hubo gente que me dijo que tendría "doble trabajo". Para mi gusto, nada de eso. Es lo mismo, pero un poco más.
Antes de tener a María, yo llevaba muchos años viviendo sola, viajando alrededor del mundo a mi antojo, haciendo horarios insólitos de los que sólo me daba cuentas a mí misma... María trastocó todo mi mundo interior y tardé un año en adaptarme a la maternidad. Una vez que mi chip interno ya había sido trastocado y ajustado, tener a Teresa sólo trajo más felicidad. No dormir, o dormir muy poco, no se ha convertido en una pesadilla, sino en un suceso más del día. Las noches no son eternas, sino que cada hora tiene su particularidad, y se pasan rápido. Y cuando el cansancio se apodera de mí, o de mi marido, nos repetimos "el tiempo juega a nuestro favor", recordando lo rápidos que han pasado tres años en María, una niña habladora, mayor, a la que puedes llevar a cualquier sitio y hacer vida completamente normal.
Teresa es un encanto, con carita de angelito y sonrisa picarona. Es una niña "pellizcada", que sufre los celos de su hermana en silencio, con una sonrisa inocente y sólo llora cuando los golpes o los sustos han sido fuertes. Es suave, blandita, con el pelo rubio y la tez... ¡morena! Un pelo indomable, el cual intento llenar de lacitos que le duran... medio minuto.
A pesar de que no siempre las condiciones externas se ponen de nuestro lado... el primer año de Teresa ha sido precioso. Y yo repito su nombre en bajito, porque aún no puedo creerme que esté con nosotros: "Teresa, Teresa, Teresa..."

jueves, 12 de julio de 2012

Tres años ya...

El parque Isabel La Católica

Llevo ya casi tres años en Asturias. ¡Qué vida tan diferente a la de Madrid!
Al principio, todo me parecía muy pintoresco. Y eso que me crié aquí. Pero aún así, me sonaba gracioso el acento, me parecía curiosa la forma de hablar y de comportarse de la gente. Efectivamente, aquí hay un carácter distinto. Los asturianos son bastante baballos, lo cual significa que son un poco brutotes y un poco creídos. Sólo es una pose, y uno acaba dándose cuenta. Normalmente el asturiano hace como que sabe más que nadie de cualquier otra cosa, pero cuando uno asimila esa forma de ser, se encuentra con gente noble, luchadora, buena como ellos solos. Al menos ésta es mi percepción de las cosas.
A lo que no acabo de acostumbrarme es a la belleza de los lugares.
Todos los días salgo de casa a las 7 de la mañana para coger el autobús que me lleve a Oviedo, a trabajar. Cuando salgo, respiro hondo y los pulmones se me llenan de humedad. Enfrente de mi casa, como ya expliqué algún día, hay un jardín abandonado, que pertenece a un antiguo caserón, que aún sigue en pie, aunque completamente en ruinas. En su día pensaba que era un convento, pero con el tiempo y unas cuantas conversaciones con la madre de una amiga, me enteré de que allí vivió un hombre soltero y muy adinerado. La casa estaba llena de obras de arte. Los toreros famosos que llegaban a torear a la ciudad se hospedaban en aquella casa. Hoy es una ruina. Pero su jardín... qué maravilla de jardín abandonado. La humedad ha dado lugar a una especie de selva caótica, con árboles gigantes, malas hierbas del tamaño de una persona, flores silvestres... Todo en mil tonalidades distintas de verde chillón.
Es lo que me encuentro en primer lugar cuando salgo de casa. Miro enfrente y vuelo un rato por encima de la acera. Quizá la que vuela es mi imaginación. En casa dejo a tres personitas roncando. Ya me he acostumbrado a moverme como si fuera un ladrón en casa ajena. Corro a por el autobús y voy dejadores atrás, a ellos y al jardín abandonado. Continuará.

miércoles, 11 de julio de 2012

Qué caray!

¿En serio? ¿Escribí yo solita 275 entradas? Muchas me parecen... Acabo de entrar en mi blog. Ese que abandoné porque un día se me acabó la inspiración. A veces uno deja de hacer cosas sin saber bien por qué. Luego aquello tiene siempre consecuencias, y entonces se pregunta por qué actuó como un pichiruchi, que diría Mafalda. No sé qué significa, pero me encaja. De repente he visto el comentario de algunos de vosotros que me pedíais que volviera. Ya sé que no soy nadie en particular, pero me he emocionado y he pensado: "qué caray". Vuelvo, con la misma vocación con la que comencé. La vocación de plasmar desde mi pequeño rincón algunos pensamientos, reflexiones, o descripciones de lo que más me gusta en este mundo, que es la gente. Si hay alguien que está ahí, genial. Si no, va por ustedes!

jueves, 13 de enero de 2011

La belleza


Hoy he tenido la oportunidad de leer una de las mejores definiciones de belleza que había visto nunca. (Tampoco es que haya visto muchas). Pero ésta me pareció tan clara y realista, y la comparto tanto, que no me resisto a dejarla "inmortalizada" en el blog.
Se dirige a los artistas:
"Este mundo en el cual vivimos necesita la belleza para no precipitarse en la desesperación. La belleza, como la verdad, es aquello que infunde alegría en el corazón de los hombres, es el fruto precioso que se resiste a la degradación del tiempo, que une a las generaciones y las hace comulgar en la admiración. Y esto gracias a vuestras manos... Recordad que vosotros sois los custodios de la belleza del mundo".
He dejado para el final la autoría de la frase. Para no predisponer a nadie. Pertenece al Concilio Vaticano II.

miércoles, 12 de enero de 2011

Por las calles de NY


Hoy he leído que el 41% de los embarazos en la ciudad de Nueva York acaba en aborto... Casi el doble que el resto del país.
De repente me he imaginado la gran ciudad de los rascacielos llena de cientos de miles de pequeñas, diminutas almas como fantasmas errantes, vagando entre las grandes avenidas, invisibles, llenas de pena.

martes, 11 de enero de 2011

La primera pasajera


Cuando suena el despertador son las 6:05 de la mañana. El sopor, el cansancio y mi temible imaginación hacen que se me pasen por la cabeza todo tipo de pensamientos a cada cual más estrambótico. Algunas veces se mezcla algo del sueño que estaba teniendo... (auténticas películas de acción), al tiempo que me pregunto si me encuentro bien físicamente o si me duele algo que pueda utilizar como excusa para quedarme un rato más en la cama. Cuando estoy hecha polvo me digo como una niña pequeña "¡no voy a trabajar!". Afortunadamente todo dura unos minutos y sin pensarlo más salgo de la cama.
Cuando llego al autobús no son todavía las siete de la mañana. Suele hacer frío y las calles están desiertas, aunque en ocasiones se ve a algún madrugador corriendo, bien equipado con sus vestimentas deportivas donde no falta detalle.
Ya en el autobús, el conductor y yo nos saludamos. Somos breves compañeros de madrugón, de lluvias frecuentes y de fugaces conversaciones sobre el tiempo o el sueño que tenemos. Siempre me siento en la primera fila. Soy la primera pasajera de las mañanas, la del abrigo rosa, la que siempre lleva los cascos puestos, la que observa sin querer queriendo a los que se suben detrás de mí.
Ya en marcha, comienza a pasar delante de mí la vida real. La ciudad permanece dormida. Me fijo en las ventanas de las casas. Todavía hay pocas luces encendidas.
Pero la tienda de ultramarinos, cerca de la plaza de toros, esa que lleva toda la vida ahí... esa ya está abierta. Tienen de todo. No es una cadena de supermercados, ni una panadería. Es todo junto, y a las siete de la mañana, su dueño, un hombre mayor, ya está colocando su mercancía.
Verle, siempre me da qué pensar. Pienso en su vida, en su familia. Nunca he comprado nada ahí. O quizá sí. Pero lleva toda la vida madrugando, probablemente mucho antes que yo, para sacar adelante ese pequeño negocio, tan poco concreto como con tanta personalidad.
Al llegar al trabajo, me toca leerme a fondo todos los periódicos. Es parte de mi tarea. Y comienzo a introducirme, como si me hundiera entre arenas movedizas, en otra realidad. Otro universo paralelo. El de ETA, el de Educación para la Ciudadanía, el de la persecución religiosa, el de la economía...
No parece el mismo mundo. No parecen al mismo nivel, el del dueño de la tienda de ultramarinos y el que me dibujan los noticieros.
Y siempre siento que nado entre ambos. Los dos son reales, pero me parecen distintos.
El autobús de vuelta es más mundano. Son las 4 de la tarde y me duermo sin pudor, sin remedio y sin roncar, espero.
El embarazo y mi ceporrez natural hacen el agosto conmigo a esas horas.
La tienda sigue ahí. Abrirá por la tarde. Su dueño estará comiendo en su casa, con su mujer. Con su familia.

miércoles, 5 de enero de 2011

El Espíritu Santo y las cosas de la vida

Ante mi soledad trabajadora-diaria (sola en un despacho, pocos compañeros y además, poco comunicativos...), y ante mi imparable diarrea verbal, ahogada por mí misma a batacazos porque no me dejo ni a mí trabajar tranquila...
Tengo que comunicarle al mundo, que el Espíritu Santo sabrá lo que hace, pero que ciertamente se manifiesta a los más pequeños, humildes y sin medios.
Y seguro, seguro, que salen cosas buenas. Qué ironías tan finas tiene El de Arriba. Es genial.
He dicho.

martes, 4 de enero de 2011

Yo quería...


... dedicarle a mi paciente marido esta viñeta. ¡Feliz Año a todos y feliz convivencia parejil! (o solteril, que convivir con uno mismo tampoco es nada fácil)

martes, 28 de diciembre de 2010

Horror

Un mes sin escribir. Definitivamente, horror.
Siempre quise tener este blog actualizado, para contar, no mis cosas, sino lo que voy viendo, lo que me llama la atención por la vida... Porque las situaciones cotidianas están llenas de ironías, de pequeñas locuras que merece la pena rescatar y compartir.
Cada vez que voy a la matrona me toca vivir circunstancias así.
Yo creo que es una buena mujer. De esas personas que no saben ser "delicadas". Pero que al mismo tiempo, sufren por ser conscientes de ello. O no, yo qué sé.
La situación surrealista se dio cuando, en su consulta, el otro día, escuché los latidos del corazón del pequeñaj@. (Hasta febrero, no sabré si es niño o niña).
Yo, que es verdad que soy de lágrima facilona, me emocioné un poco. Aún no se me nota mucho, el pobre no da guerra ninguna, y a veces me da por pensar "¿Seguirá ahí?".
Bueno, pues mi matrona, de estética, como digo yo "Kale borroka", me dijo que no tenía que involucrarme tanto. Que si los niños no se sienten hasta las 20 semanas es para que la madre no se involucre emocionalmente con el niño. Que la naturaleza es muy sabia y como se puede tener un aborto espontáneamente, así la madre no sufre tanto porque no siente al bebé.
Me quedé sin habla. Podía haberle dicho que yo a María la noté con 15 semanas. ¡Y que me diga alguien lo contrario! Y con 14, que es mi estado actual, cuando cogí el otro día a mi chiquitina en brazos y me presionó el vientre, me pareció sentir que un bichillo se revolvía como una lagartija dentro de mí.
En todo caso, y aunque no fuera así. ¿Cómo no va a involucrarse una madre con su hijo, aunque no sienta sus movimientos? Si en el momento en que una es consciente de su embarazo, toda una revolución sacude su cuerpo y su mente... y ya ningún minuto de su vida vuelve a ser como antes...
La sonreí, y como no tengo interés ninguno en discutir con ella (porque además de poco delicada, es de las que "siempre sabe más"), me fui por la puerta como había entrado. Con la cabeza bien alta, con la moral por las nubes, y con mi niño y su corazoncito latiendo como una locomotora.